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El padre se despide de su hija adolescente a las puertas de su casa, después de haberla "interrogado" respecto del lugar a dónde y cómo se va, con quiénes y a qué horas regresa. Es interrogatorio porque la "inteligencia" sólo acepta como respuesta lo único medible que existe en el universo: números, tiempos y características. Nada de conceptos subjetivos y ambiguos como "aquí cerquita", "en Uber", "con unos amigos" o "no te preocupes, llego temprano".

La precisión de las respuestas que reciba le dará tranquilidad para irse a dormir en tanto vuelve a casa. Viven en Tel Aviv, donde los israelíes son apasionados de la medición. Todo lo miden, porque a ello le atribuyen el control de todo lo que hacen.

Tienen una máxima que ha sido adoptada por la seguridad moderna: "¿quieres controlarla? Mídela. ¿Se te salió de control? Revisa la medición, porque, o no estás midiendo, o lo estás haciendo mal". 

Y este es justamente el origen del grave problema de inseguridad que padece México: no se está midiendo, y que me perdonen los que dicen que sí y exhiben estadísticas de la cantidad de robos, homicidios y otros delitos con sus costos. No señor. Esa no es la medición a la que se refieren los israelíes.

Les platico: trabajo con ellos desde hace más de 20 años y es sorprendente su afán de supervivencia ante las pruebas catastróficas que envuelven su vida desde el nacimiento del Estado judío, en 1948.

De no ser por el terrorismo fundamentalista que les rodea, serían el país más seguro del mundo. Pero vean esto: los 10 países más seguros, según el prestigiado Global Peace Index (GPI), utilizan –todos– tecnología israelí basada más en "inteligencia" que en "seguridad". La mordaz e irónica de mi Gaby dice al respecto: "entonces son los 10 países más inteligentes del mundo".

El origen de ese logro, los islandeses, daneses, austríacos, neozelandeses, suizos, finlandeses, canadienses, japoneses, australianos y checos –en ese orden del 1 al 10–  lo describen como "prioridad a la inteligencia por encima de la seguridad".

Detrás de lo que entienden por "inteligencia", aparece otra vez la "medición".

Fanáticos para medirlo todo, la primera vez que uno de estos israelíes visitó un área policiaca de México, preguntó: "¿cómo miden ustedes los ´ratos´? Es que los policías dicen ´al rato llego´, en un ´rato terminamos´"... Y entonces, su interlocutor le respondió: "mmmm, pues también tenemos ratitos y ratititos..."

Uno de estos israelíes, experto en temas de inteligencia, sostiene que el problema de México es que se sigue hablando de seguridad, cuando el estado del arte en el mundo de las policías, de los gobiernos y de las empresas, es enfocarse en la inteligencia.

Ya no se debe pensar y actuar buscando métodos de seguridad; las que marcan la diferencia son las tecnologías de la inteligencia.

Para que quede claro, éstas no tienen nada qué ver con el "coeficiente intelectual". Se refieren a estudiar, escuchar, observar, recabar información, infiltrar y meterse en las entrañas del enemigo, para conocerlo al máximo detalle y, en base a ello, dirigir en su contra ataques quirúrgicos discretos –no genéricos ni aparatosos– en la forma de operativos precisos y puntuales, para neutralizarlo antes de que entre en acción.

Esta es la mejor manera de definir lo que es "prevención", que supera por mucho a las "policías de proximidad", de las que tanto alardean algunos municipios. Los israelíes van más allá. Sus tecnologías para hacer inteligencia predicen los movimientos y los planes de los criminales. 

Ahora se presenta la coyuntura de un nuevo gobierno que podría darle una refrescada al vetusto esquema utilizado por priístas y panistas, de mandar al ejército a patrullar a las calles. 

Ron Ziv, el teniente coronel de la Marina de Israel a quien me refiero, tiene más de 10 años viviendo en México, y sostiene que si el ejército sigue ocupado en labores que le tocan a las policías, los soldados se verán expuestos a cohechos y otros delitos que van a denigrar la imagen de la Sedena y de la Marina.

Sugiere que el nuevo gobierno los envíe de regreso a sus cuarteles, porque su misión constitucional nada tiene qué ver con el patrullaje y el combate frontal a la delincuencia.

Para él, la prioridad del nuevo gobierno y por ende, de todos los estados y municipios, debe ser "armar" a las policías, no con más fusiles y pistolas, sino con la inteligencia descrita párrafos arriba.

Estas tecnologías pueden proveer información precisa sobre los movimientos y rutinas de los criminales y esto es precisamente lo que entienden los israelíes por "medición": tener números, tiempos, características de las ubicaciones, los movimientos, los nidos, los nombres, sus enlaces o contactos comprados e infiltrados dentro del gobierno y de las empresas, saber a qué horas se despiertan, a qué horas se van a dormir, qué compran y en dónde, a qué clubes, cines y restaurantes van ellos y sus familiares, a qué escuelas sus hijos, a dónde, cómo y cuándo viajan; en resumen, una medición que permita conocer las rutas de sus vidas. 

Esta es la medición –no la de los "observatorios"– que permitirá controlar y darle al país la seguridad que tanto necesita. 

Y aquí viene lo más sorprendente: contra lo que se supone, tales adelantos tecnológicos son muchísimo más baratos que los equipos convencionales utilizados por el Cisen, por los C4 y C5 que pululan cual elefantes blancos por todo el país, y con cuya construcción se hicieron ricos muchos funcionarios corruptos.

CAJÓN DE SASTRE

Si se aplican estas nuevas tecnologías para hacer más inteligencia que seguridad, bajará el número de delitos y aumentarán las detenciones.

"El chiste ahora es que hagan su jale los jueces y los legisladores, porque con las laxas, blandengues y burladas leyes que tiene México, ya estuvo", remató mi Gaby, con su mordacidad e ironía características, al enterarse de todo esto... y de la liberación de Elba Esther Gordillo.

placido.garza@gmail.com 

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