Monterrey
Roberto Martínez Hernández
El Diezmo Cívico

Apuntes acerca de la participación ciudadana

El gobernador interino

México necesita una nueva reforma fiscal


Mientras Estados Unidos y Francia bajan las tasas de impuestos a las empresas para estimular crecimiento económico, en México el Presidente se sienta con los brazos cruzados.

Trump está implementando –tal y como dijo– su disruptivo plan de gobierno. Macron está trabajando en relanzar el mercado europeo a través de una alianza estratégica con Alemania. En ambos países, los pronósticos económicos apuntan a un 2018 favorable. En nuestro país, en cambio, la deuda, las tasas de interés y la inflación van al alza; los impuestos mantienen su incremento del 2014, salvo el caso de las gasolinas, y las proyecciones económicas no nos son tan optimistas para este año que comienza.

La Secretaría de Economía está enfrascada en la eterna renegociación del TLCAN y en una ilusión imposible y complicadísima de diversificar las exportaciones mexicanas, que existen hacia Estados Unidos en esa proporción por una lógica global de cadenas de suministro en América del Norte. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en lugar de arrastrar el lápiz para ajustar nuestros esquemas fiscales a niveles competitivos con países de primer mundo, atraviesa una crisis enorme atendiendo acusaciones relacionadas con haber transferido ingresos de impuestos a campañas políticas del PRI, y denuncias –encabezadas por Javier Corral– en las que se le acusa de castigar con el presupuesto a los estados que no se “acoplan” a los intereses políticos del gobierno. Para colmo, su política pública apunta a sobre-burocratizar los trámites fiscales y a complicar los requisitos contables que deben cumplir las pequeñas y medianas empresas.

El afán de impedir la venta de facturas a toda costa, está apretando algunos giros de negocios bien establecidos en nuestro país, sobre todo los relacionados con tecnologías de pagos e intermediación de fondos en los que están incursionando muchos emprendedores jóvenes. A través de plataformas digitales se reciben pagos que van dirigidos a un tercero, y la aplicación retiene solamente una comisión. En lugar de abanderar estas tendencias globales de economía peer-to-peer, estas empresas padecen del ostracismo de Hacienda por sospechas de incumplimientos fiscales. Mucho más ayudaría que empezaran por dar ejemplo: ¿quién va a querer pagar impuestos, ahora que investigaciones periodísticas internacionales han revelado que con parte de ese dinero el gobierno controla a los medios de comunicación y financia las campañas políticas de sus aliados?

México necesita una nueva reforma fiscal. No hay ninguna duda de eso. Tenemos un reto distinto que los países desarrollados: como en todos los países de Latinoamérica, tenemos baja recaudación tributaria. Un porcentaje reducido de la población paga impuestos y necesitamos más dinero que ese para cubrir todos los programas de desarrollo que actualmente existen. Hay que incursionar, a través de análisis técnicos, en estudiar en qué proporción podemos bajar nuestros impuestos. Quizá haya que, a la par, recortar programas y oficinas de gobierno. Tenemos que proponernos gastar mucho mejor y dejar más en manos de la sociedad. ¿Qué tan necesario en términos de desarrollo era que antes de las elecciones intermedias del 2015 la Secretaría de Desarrollo Social regalara televisiones de plasma, “para que no hubiera ningún perjudicado con el apagón analógico”? Más valdría preocuparse por los perjudicados por la pobreza y nuestro deficiente sistema de salud pública.

¿En qué proporción los recortes de impuestos en Estados Unidos a las empresas –del 35% al 20%– anula el atractivo de venir a México para pagar mano de obra barata? ¿En el futuro, queremos que las empresas internacionales sigan viniendo a invertir a México porque aquí a los mexicanos les pagan menos? ¿Y si en el futuro desaparece la mano de obra? ¿Qué tanto valor agregado ofrecemos adicionalmente a las empresas multinacionales en su estrategia de crecimiento global?

Si la Secretaría de Economía no puede quitar sus ojos del comercio, entonces es necesario crear una Secretaría de Tecnología que empiece a fomentar que en este país se produzca tecnología de punta. Si no escalamos en el valor que le otorgamos a los procesos industriales que se desarrollan en el país, a medida en que desaparecen los empleos y se desarrollan nuevas formas de transporte, vamos a retener únicamente la inversión extranjera que busque entrar al mercado nacional. Lo bueno de eso es que nuestra población es muy grande; es decir, venderle a los mexicanos sí es atractivo. Sin embargo, no nos estamos adaptando a los cambios que están implementando las potencias globales. Por ejemplo, mientras en el mundo, se invierten billones –especialmente en China– en crear formas alternas de energía; en México, el candidato puntero en las encuestas quiere destinar una millonada en construir refinerías de petróleo.

Nos urgen por lo menos dos cosas: “garra” (voluntad política, corazón y tenacidad) y una nueva reforma fiscal en la que bajen los impuestos.

roberto.mtz05@gmail.com

Twitter: @Roberto_MtzH


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