México y el Trade War EUA-China


Donald Trump está cumpliendo sus promesas de campaña. De eso nadie puede quejarse. El proyecto de nación que vendió a sus electores lo está haciendo realidad, incluidos todos y cada uno de los disparates que nos alarmaron en época de elecciones presidenciales norteamericanas.

Trump se ha dedicado a romper paradigmas y a imprimirle su propio sello a la vida pública de nuestro país vecino. Todo es distinto: desde los valores que aspira transmitir en su discurso y las organizaciones que lo respaldan; hasta sus decisiones económicas y sus estrategias diplomáticas.

Nuestro presidente Enrique Peña Nieto decidió difundir ampliamente un mensaje a la nación —del estilo de los que extrañábamos desde que decretó el gasolinazo a inicios de 2017— apelando a la unidad nacional, para condenar una decisión de Trump, de colocar 4,000 elementos de seguridad adicionales a lo largo de la frontera norte; mientras se termina la construcción del famoso muro. El problema está en las formas y en el contenido incendiario y de confrontación con el que el presidente de EUA se dirige a México. Ello, en lugar de aspirar a la cooperación, el diálogo y el trabajo en equipo para remediar un problema migratorio y de undesgobierno en la frontera que a los dos países nos afecta.

Yendo de misiones a comunidades rurales en la sierra de Veracruz, del Estado de México y de Guanajuato, he tenido la oportunidad de escuchar la historia de muchos mexicanos que en algún punto de sus vidas se fueron de mojados a trabajar a Estados Unidos. En un caso en particular, Don Marcelino, de regreso en su casa en Atotonilco, me platicó que cruzó ilegalmente al otro lado más de quince veces. Cuestionándole sobre el riesgo de tales hazañas –pues había escuchado yo en la universidad un comentario acerca de lo arduo que es el desierto de Arizona y de la reforzada seguridad migratoria en el lecho del río Bravo– me afirmó con calma: "es muy sencillo, los que se arreglan con los Zetas, cruzan. Pagas del lado mexicano y del lado americano". Con ese contexto en mente, que los gringos extiendan la presencia de su Guardia Nacional en la frontera no me parece nada descabellado. Por lo mismo, creo que la declaración del presidente tiene también algo de oportunismo al formularse en el arranque de las campañas federales.

En la antigua Roma, Escipión Nasica, pontífice máximo elegido por el Senado de la República, se opuso a la destrucción de Cartago, enemigo del poder romano, puesto que pensaba, que vencido el enemigo común y alejado el terror, se resquebrajaría la unión de los romanos y estallarían fuertes conflictos internos y guerras civiles. Escipión no se equivocó: la unidad de Roma dependía de la necesidad de evitar ser conquistados por su rival y en la prosperidad algunos de ellos perecieron por sus propias armas. Desconozco si el presidente usa la estrategia de Escipión y pretende matizar la encarnizada confrontación electoral para favorecer a su candidato, desviando la atención de la opinión pública hacia un problema que nos preocupa a todos los mexicanos. Lo cierto, es que como las declaraciones de Trump de esta semana, ha habido cientos; y la acción de colocar más elementos de policía en la frontera bien pudiera ser aprovechada también por nuestro gobierno para combatir al crimen organizado de nuestro lado del Bravo. Lo que aprendí del mensaje es que ya somos 125 millones de mexicanos.

La encrucijada más relevante con Estados Unidos no está en el tema migratorio, está en nuestras relaciones mercantiles. La guerra de comercio que los gringos empezaron contra los chinos las últimas dos semanas tiene el potencial de redefinir completamente las dinámicas de intercambio global. El consumidor más grande del mundo ha decidido imponer aranceles a las mercancías provenientes del productor más grande del planeta, con el fin de proteger su mercado nacional. Las economías uno y dos del mundo se están agarrando a golpes. Los chinos, que tienen fama de ser depredadores comerciales, han respondido a las medidas de proteccionismo de Trump gravando las exportaciones hacia el gigante asiático de los productos

americanos provenientes de las regiones de EUA, gracias a las cuales el actual presidente llegó a la Casa Blanca. México debe aprovechar la oportunidad de reforzar su posición en el mundo beneficiándose del saldo rojo de estas peleas comerciales; podemos producir algunas de las cosas que vendían los chinos y comprar con descuento lo que exportaban los gringos.

Empecemos por construir una economía más atractiva bajando los impuestos a las empresas, como hicieron Francia y EUA el año pasado.

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