Mi Querido Capitán


Como si no fuese suficiente el desconcierto y desaseo que rodean los procesos electorales de este año en México, la pugna entre el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, cuya vigencia a nadie escapa, añade leña al fuego con una resolución que parece salida de una novela de Kafka. El asunto es pueril, pero tiene que ver con el conteo de votos el primero de julio y más precisamente con el vaciado de las urnas y su vuelta a rellenar lo que en la tradición electoral mexicana coloca el asunto en terreno de sospecha.

Hasta donde el que escribe se ha enterado, el Tribunal determinó anteayer que, una vez cerradas las casillas, las urnas sean abiertas por primera vez con objeto de descartar las boletas que hayan sido introducidas equivocadamente; esto es, reubicar los votos que siendo para gobernadores, diputados o el Presidente de la República, se hayan introducido por error en la caja que no les corresponde. Luego de esa depuración no vista antes, las urnas se volverán a llenar y cerrar para luego reabrir. Hasta donde llega mi conocimiento y experiencia, los usos y costumbres y los procedimientos electorales en este país establecen que los votos mal colocados o erróneamente emitidos simplemente se anulan y se hace constar de ello en el acta de cada casilla. La novedad conduce a la sospecha de que se presenta una oportunidad para alterar el contenido de cada urna, remembranza de la tristemente célebre “operación tamal”.

La consecuencia inmediata de esta medida es que los resultados del PREP, programa de resultados electorales preliminares, que el INE había programado para tenerlos listos hacia la medianoche del 1 de julio hasta en un 70 por ciento. En el nuevo escenario, el INE no será capaz de dar a conocer el nombre del nuevo Presidente de México antes de las 06:00 am del día dos. Lo cual es irrelevante; el morbo de los mexicanos se verá igual de satisfecho la noche del uno que la mañana del dos. Lo que todos queremos es tener la certeza de que el proceso ha sido conducido con honorabilidad y respeto a las leyes.

El conflicto va más allá de la feria de vanidades entre el inepto consejero presidente del INE y los integrantes del tribunal. 

Trascienden también los métodos anticuados de votación y conteo que se siguen usando en nuestro país cuando el avance de la tecnología electrónica y portátil ha llegado en muchos países a los procesos electorales. No hay motivo racional ni ausente de sospecha que impida introducir el voto electrónico en nuestro país, en el que la democracia imperfecta tiene un elevado costo en el subsidio a los políticos y en la maquinaria de la votación.

En este espacio se ha insistido que las elecciones de 2018 serán definitivamente las últimas que se realicen bajo el control de autoridades ineficientes y con procedimientos de precampaña, intercampaña, campaña, elecciones y conteo totalmente obsoletos. Es urgente revisar no solamente la ley de procedimientos electorales sino la estructura, integración, financiamiento y funcionamiento del INE. Si ya era necesario hacerlo antes de todo este sainete que se ha armado –y que tiene a los electores hasta la madre con el bombardeo de la propaganda política que nos abruma–, las manipulaciones que han sacado candidatos impresentables del sombrero de mago de cada organismo político lo convierte en imprescindible. Especialmente cuando el costo la democracia en México hace recordar las cuentas del Gran Capitán.

En picos, palas y azadones 100 millones,  dícese que el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba contestó en 1506 al requerimiento del rey Fernando el Católico, cuando le pidió cuentas de los gastos en la campaña de Nápoles. El texto más cercano a la realidad y al ingenio del capitán vale la pena de ser leído: Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo. Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres para que rogasen a Dios por las almas  de los soldados del rey caídos en combate. Cien mil ducados en guantes perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadáveres del enemigo. Ciento sesenta mil ducados para reponer y arreglar las campanas destruidas de tanto repicar a victoria. Finalmente, por la paciencia al haber escuchado estas pequeñeces del rey, que pide cuentas a quien le ha regalado un reino, cien millones de ducados. 

Si a los mexicanos nos cuesta tanto este simulacro de democracia, tenemos derecho a que éste tenga un rendimiento similar al que entregó el Gran Capitán.

PILÓN.- Don Alfonso Navarrete Prida, secretario de Gobernación, presume haber roto la maldición que esa secretaría tiene cuando quienes la encabezan suelen volar. El ministro, junto con el gobernador de Oaxaca, salvó la vida el otro día cuando el helicóptero que volaba de noche se estrelló llegando al poblado oaxaqueño donde se ubicó el epicentro del sismo del viernes pasado. Trece personas, entre ellos niños, no pueden decir lo mismo que el señor Navarrete Prida: el helicóptero les cayó encima y les mató. Se encontraban fuera de sus casas, de las que los echó el temor de que se derrumbaran por los daños del sismo. ¿Realmente era necesario ese espectacular viaje en la noche?


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