Ron RolheiserMonterrey
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Hace poco, un estudiante a quien había enseñado hace décadas me hizo este comentario: "Han pasado más de veinte años desde que tomé su clase y he olvidado casi todo lo que enseñó. Lo que sí recuerdo de su clase es que se supone que nosotros siempre tratemos de no hacer que Dios se vea estúpido".

Espero que sea cierto. Espero que sea algo que la gente se lleve de mis conferencias y escritos porque creo que la primera tarea de cualquier apologista cristiano es rescatar a Dios de la estupidez, la arbitrariedad, la estrechez, el legalismo, la rigidez, el tribalismo y todo lo demás que es malo y que es asociado con Dios. Una teología sana de Dios debe sustentar todas nuestras apologías y prácticas pastorales. Todo lo que hacemos en el nombre de Dios debe reflejar a Dios.

No es accidental que el ateísmo, el anticlericalismo y las muchas diatribas contra la Iglesia y la religión hoy en día siempre puedan señalar alguna mala teología o práctica de la iglesia sobre la cual basar su escepticismo e ira. El ateísmo es siempre un parásito que se alimenta de la mala religión. También lo es mucha de la negatividad hacia las iglesias, lo cual es muy común hoy en día. Una actitud anti-iglesia se alimenta de mala religión y entonces nosotros que creemos en Dios y en la iglesia deberíamos examinarnos a nosotros mismos más que defendernos a nosotros mismos.

Además, más importante que la crítica de los ateos son las muchas personas que han sido heridas por sus iglesias. Una gran cantidad de personas hoy en día ya no van a la iglesia o tienen una relación muy tensa con sus iglesias porque lo que han conocido en sus iglesias no habla bien de Dios.

Lo digo con simpatía. No es fácil representar a Dios adecuadamente, y mucho menos bien. Sin embargo, debemos intentarlo, y entonces todas nuestras prácticas sacramentales y pastorales deben reflejar una teología sana de Dios, es decir, reflejar al Dios a quien Jesús encarnó y reveló. ¿Qué reveló Jesús acerca de Dios?

Primero, que Dios no tiene favoritos y que debe haber igualdad total entre las razas, entre los ricos y los pobres, entre los esclavos y los libres, y entre los hombres y las mujeres. Ninguna persona, raza, género o nación es más favorecida que otras por Dios. Nadie es primero. Todos son privilegiados.

Luego, Jesús enseñó que Dios es especialmente compasivo y comprensivo con los débiles y con los pecadores. Jesús escandalizó a sus contemporáneos religiosos al sentarse con los pecadores públicos sin pedirles primero que se arrepintieran. El dio la bienvenida a todos de maneras que a menudo ofendían la corrección religiosa de la época, y que a veces se oponía a la sensibilidad religiosa de sus contemporáneos, como lo vemos en su conversación con la samaritana o cuando sanó a la hija de la mujer sirio-fenicia. Además, él nos pide que seamos compasivos de la misma manera, e inmediatamente interpreta lo que eso significa al decirnos que Dios ama a los pecadores y a los santos exactamente de la misma manera. Dios no tiene amor preferencial por los virtuosos.

También nos impresiona el hecho de que Jesús nunca se defiende a sí mismo cuando es atacado. Además, critica a quienes, independientemente de su sinceridad, intentan bloquear el acceso a él. El se rinde a sí mismo hasta morir antes que defenderse. Él nunca enfrenta odio con odio, y muere amando y perdonando a aquellos que lo están matando.

Jesús también tiene claro que no son necesariamente aquellos que explícitamente profesan a Dios y a la religión quienes son sus verdaderos seguidores, sino más bien aquellos, independientemente de su fe explícita o práctica eclesial, que hacen la voluntad de Dios en la tierra.

Finalmente, y de manera central, Jesús tiene claro que su mensaje es, antes que nada, una buena noticia para los pobres, cualquier predicación en su nombre que no sea una buena noticia para los pobres no es su evangelio.

Necesitamos tener esto en cuenta, incluso cuando reconocemos la validez y la importancia de los debates en curso entre nuestras iglesias y dentro de ellas, acerca de quién y qué hace que el verdadero discipulado y el verdadero sacramento sean verdaderos. Es importante preguntar qué es lo que lo convierte a un sacramento en verdadero y qué condiciones hacen que un ministro dé un sacramento válido y lícito. También es importante preguntar quién debe ser admitido a la Eucaristía y es importante establecer ciertas normas que deben seguirse para preparar el bautismo, la Eucaristía y el matrimonio. 

Difíciles preguntas pastorales surgen en torno a estos temas, entre otros temas, y esto no sugiere que siempre se deban resolver de una manera que refleje en forma inmediata y simplísticamente la voluntad universal de Dios para la salvación, y la infinita comprensión y misericordia de Dios. Es cierto que a veces el beneficio a largo plazo de vivir una dura verdad puede anular la necesidad a corto plazo de eliminar más rápidamente el dolor y la angustia. Sin embargo, aún así, una teología de Dios que refleje la compasión y la misericordia de Dios siempre deben reflejarse en cada decisión pastoral que tomemos. De lo contrario, hacemos que Dios parezca estúpido: arbitrario, tribal, cruel y antitético en la práctica de la Iglesia.

Marilynne Robinson dice que el cristianismo es una narrativa demasiado grande como para ser suscrita por cualquier cuento menor y que debería prohibir en particular su subordinación a la estrechez, el legalismo y la falta de compasión.


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