Money, so they say is the root of all evil today: Pink Floyd


La música siempre ha sido un negocio, su exposición trata de atraer clientes, su mercadeo trata de incrementar entradas, ventas, discos, descargas, boletos, camisetas, muñequitos, gorras, botones, pulseras, perfumes, plays, likes, shares, etc. Todo se trata del dinero. 

A los que nos gusta el rock clásico, ya sea porque nos tocó o porque además de comprar novedades volteamos a consumir también las diferentes etapas de la historia, extrañamos un poco que el proceso creativo estuviera deslindado del negocio del entretenimiento, extrañamos que los artistas fueran descubiertos, no creados. 

Vivimos en un mundo plagado de problemas sociales e injusticias, con índices de desigualdad económica récord y todas sus consecuencias. Al mismo tiempo, de unos años para acá el folk rock retomó los primeros lugares en las listas de popularidad, pero ahora no hay un Bob Dylan o un Woody Guthrie hablando de unidad o de enfrentar al sistema, ahora la mayoría son niños bonitos políticamente correctos diseñados en una sala de juntas que su mayor acto de rebeldía es cambiar la foto de su perfil de Facebook; ya no hacen enojar a nadie, ya no hacen reflexionar a nadie. 

No es casualidad que no tengamos un nuevo artista que cambie el sonido de la música por completo en este milenio, no hay un Hendrix, no hay un Cobain, no hay un Pink Floyd, no hay un Rage Against The Machine porque el riesgo artístico reduce mucho las posibilidades de un buen negocio. 

Es muy triste ver que la irreverencia y rebeldía del entretenimiento moderno viene a veces de estrellas del pop de menos de veinte años o de estrellas de las redes sociales y que la gran mayoría de las propuestas artísticas que deberían ser propositivas se quedan al margen de lo que destruye su entorno. 

Tal vez ser una estrella de rock dejó de ser aspiracional, ahora todos saben que el glamour que nos vendieron en décadas pasadas es una ilusión óptica; tal vez esto alejó a las clases menos favorecidas del negocio de la música y ellos son los que están enojados, ellos son los que no tienen tanto que perder, ellos son los que tienen algo que decir. 

No me entiendan mal, hay música para bailar, música para reír, para enamorar o para guardar el cerebro en un cajón un ratito, no quiero que los artistas formen una guerrilla; pero me llama la atención que ante tantas broncas que vemos día a día no haya canciones de protesta. Gandhi dijo “sé el cambio que quieres ver en el mundo”, esta frase no sirve de nada como post de Instagram.





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