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Tres cosas han cambiado que para mí son importantes al comparar el ambiente educativo de los años sesenta con los de ahora: se ha perdido la capacidad de asombro, se ha perdido la cultura del esfuerzo y los límites en nuestro comportamiento se han relajado.

Además, el medioambiente tiene cada vez mayor acceso no supervisado por los padres de familia sobre los niños de nuestro país. Esta influencia se ha multiplicado por el crecimiento tan importante que han tenido las nuevas tecnologías de información y comunicación: el internet, las redes sociales, el Hi5, Facebook, Twitter, Myspace, Flick, la televisión nacional e internacional, el radio y todas las posibilidades de impacto que representan los diferentes medios de comunicación escrita, son excelentes ejemplos de la gran influencia positiva o negativa que la tecnología ha incrementado de una manera significativa en la educación no escolarizada de nuestros hijos y nietos.

En mi mensaje anterior les comente la respuesta a la pregunta que me hizo un colega académico: ¿Qué ocurría en sus años de escuela cuando dos niños pactaban tener un pleito fuera de la escuela, o qué hacían cuando sonaba el timbre de salida, o cuando la maestra era interrumpida por las burlas del "payaso del salón", o cuando al niño nuevo del salón, el malo le decía prieto, porque venía del sur del país, o qué hubiera ocurrido si en el primer día de clases, luego de largas vacaciones, un niño se untara pegamento en las manos para quedarse pegado en la cama para no ir a la escuela?

Pero la segunda pregunta que me hice fue: ¿qué ocurre en la actualidad ante las situaciones anteriores? El mismo mensaje nos dice lo siguiente, que me comenta mi colega académico: ante una posibilidad de pelea entre los alumnos, la directora llama a los papás de los alumnos, les recomienda terapia para ambos niños, les sugiere que lean el libro titulado Cómo controlar la ira de tus hijos. Posteriormente dan conferencias sobre valores en el programa de escuela para padres. 

Ahora los maestros al término del día de clases no dejan salir a sus alumnos si sus papás no están afuera para recogerlos con un gafete autorizado y firmado por la directora. Si un alumno se burla de la profesora, ésta le dice, con cara seria, lo inapropiado de su conducta y le pide enmendarse. Los papás de este muchacho rápidamente van a la dirección a quejarse de que la maestra ha traumado irreversiblemente a su hijo al haber sido reprendido frente a sus compañeros. 

En el caso del niño que le dijeron prieto porque venía de Campeche, sus papás van a uno de los noticieros locales a quejarse del trato racista que se le dio a su hijo. 

Al día siguiente se presenta un programa con especialistas en el tema de "El racismo sanguinario en las escuelas", y el tema sigue en los medios hasta que sale el tema del niño que se pegó a la cama para no ir a la escuela, en la televisión se ve cómo gente de Protección Civil le despega con cuidado la mano de la cama, obviamente sale en todos los noticieros a nivel nacional, suben un video a YouTube que alcanza las 100,000 visitas en unas cuantas horas. Un grupo de música folklórica le compone un corrido, además lo invitan participar en el elenco de uno de los shows para niños más visto en el país.

¿En esto hemos cambiado para bien o para mal? ¿Ustedes qué opinan? Pero sobre todo, ¿de quién depende que no sea así?

Efectivamente los límites se han modificado. Si comparo a los muchachos de los años sesenta con los muchachos de ahora, veo que: se ha perdido la capacidad de asombro, en nuestro tiempo nos asombró la calculadora, la computadora, la llegada a la luna. Pero también se ha perdido la cultura del esfuerzo que tanto nos inculcaron nuestros padres y los límites en nuestro comportamiento se han relajado.    

 Efectivamente, no son solo las malas influencias las que ahogan a un buen hijo, sino la negligencia de los papás y el mal o buen ejemplo que les damos.


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