´No es ciencia espacial´


"Como se enseña universalmente hoy en día, la ciencia económica no es efectiva, sino contraproducente. Se enseña economía sobre los lineamientos de la ciencia inductiva, o sea, experimental. En el mundo físico, las mismas causas siempre producen los mismos efectos. Pero el ser humano es diferente, porque puede escoger y anticipar y, por lo tanto, sus decisiones son impredecibles. La estadística no es efectiva para decisiones que involucran a seres humanos, pero es la base de lo que hoy se enseña como economía.

"Existe un cuerpo de doctrina económica, de la Nueva Escuela Austriaca de Economía, que se basa en las enseñanzas geniales de Carl Menger, de Viena, en el Siglo XIX. Esta ciencia explica cómo toman decisiones los seres humanos –que es de donde hay que partir, https://bit.ly/2IjN2Hx. Próximamente sale un libro con su doctrina completa. Es una ciencia deductiva (basada en la lógica) no una ciencia inductiva (basada en la estadística histórica).

"Ludwig Erhard, ministro de Economía de la Alemania vencida en 1945, tomó decisiones claves –y totalmente sorprendentes para Lucius Clay, militar americano que en esos tiempos supervisaba la Alemania vencida. Las decisiones enormemente exitosas de Erhard, causaron el fantástico milagro alemán de la posguerra –porque él sabía cómo iba a reaccionar su pueblo ante sus decisiones. Esta doctrina no se enseña en las universidades, porque los puestos públicos no están abiertos a los que reducirían la injerencia del Estado en la economía.

"¿Para qué pagan los padres de los alumnos las carísimas carreras de economía en la Anáhuac, el ITAM, el Tec de Monterrey, etc., etc., si no es para que sus hijos ocupen puesto influyentes en el gobierno y en la banca?" ¿Para de veras aprender economía? No me hagas reír. (Una digresión: recuerdo a cierta profesora de economía en la Universidad Anáhuac que no podía hablar conmigo porque, según ella, sólo era economía lo que se podía expresar en una ecuación. En serio).

Más complicado aún

Al respecto, dice Gary Geller que a lo largo de sus décadas en la enseñanza universitaria se acostumbró a escuchar de alguna tesis o cuerpo de conocimiento, que "no es ciencia espacial", cuando se refieren a un conocimiento obvio, fácil de entender. La implicación es que lo más difícil de entender es precisamente la ciencia espacial, y cualquier otro conjunto de ideas es fácil en comparación. "Yo me he opuesto siempre a esa expresión".

Se suele afirmar que las cuestiones de coordinación social, particularmente respecto de asuntos económicos, son en esencia sencillas y no son tan complicadas como los intríngulis de la ciencia espacial. Geller concuerda con ese dictamen... pero al revés. Las cuestiones económicas son, en muchos sentidos, mucho más complejas, poliédricas, sutiles y arduas, que las de la ciencia espacial. Muy en especial cuando esas cuestiones tienen que ver con la imposición de controles.

"Hemos logrado enviar naves al espacio, lo cual demuestra una aceptable capacidad para resolver los problemas más relevantes, pero en cambio nuestras políticas económicas usuales (de toda estirpe: keynesianas, marxistas, mercantilistas, fisiocráticas, clásicas, ofertistas, monetaristas, estructuralistas, etc.) siguen causando más daños que beneficios". Y es que se insiste en llenar huecos cuadrados (deductivos), con maderos redondos (inductivos).

Una matrioshka de ideas

Dice Peter Boettke que la economía política puede no ser ciencia espacial, pero sí una disciplina que exige concentrarse en ciertas ideas y su aplicación en la forma de políticas públicas. Lo malo es que, cuanto más se empeña uno en buscar un mejor y más amplio control, más esas ideas y esas políticas públicas se rebelan contra la posibilidad (y ya no digamos la probabilidad) de que sean eficaces.

"En un sentido importante, la ciencia espacial es simplemente una adición vectorial de las fuerzas relevantes. Y las relaciones relevantes para generar el empuje de los cohetes se rigen por leyes físicas y causas y efectos que son estables y matemáticamente expresables. Es por eso que un sitio web se desvió de la ortodoxia de la ciencia espacial, bajo el título ´La ciencia del cohete es fácil; la ingeniería de cohetes es difícil´. El problema es medir con precisión la información necesaria y controlar las fuerzas relevantes, es decir, cuestiones de ingeniería (a menudo con millones de piezas) para que funcionen como se espera.

"No pretendo de ninguna manera degradar la ciencia de cohetes o la ingeniería. Tengo un gran respeto por lo que sus practicantes han logrado. Pero hay algunas cosas sobre la humanidad y sus interacciones que comprenden la investigación económica que son menos fáciles de ´resolver´ que las interacciones de la química y la física, particularmente cuando, como Thomas Sowell ha repetido a menudo, no hay solución para la escasez esencial a este universo; sólo compensaciones.

"Los problemas de la ciencia e ingeniería de cohetes se centran en lograr los objetivos planeados. Eso significa que resolver desacuerdos sobre los objetivos no es una limitación importante. Sin embargo, las interacciones económicas entre las personas están motivadas por el hecho de que no estamos de acuerdo en casi nada de cada objetivo específico: qué específicamente queremos, cómo, cuándo, dónde, para quién, etc., sin mencionar quién creemos que debería pagarle a quién".

Una disciplina más complicada

En vez del problema de cómo obtener unos resultados previamente acordados, la economía comienza mucho más atrás, desde tratar de armonizar los deseos, las aspiraciones, los intereses, de miles de millones de seres humanos, siempre distintos y con frecuencia opuestos y en conflicto, particularmente el papel de los respectivos "derechos" involucrados (los comunistas-tecnócratas-keynesianos no tienen este problema: dan por hecho que la suya es la única "verdad" posible y aplastan a cualquiera que se resista a sus "divinas revelaciones", como por ejemplo que "El Estado" tiene que recabar un determinado porcentaje del PIB nacional para funcionar como Dios, en su infinita sabiduría, ordena).

Empezar desde tan abajo y tan atrás (como lo exige toda verdadera ciencia económica, no los totalitarios sustitutos que los economistas tecnócratas de todo signo pretenden imponernos), es bastante más complicado que perseguir todos juntos un objetivo previamente acordado, y ésta es una de las razones por las que es fundamentalmente erróneo el argumento de que "si pudimos poner un hombre en la luna (cuestión más que dudosa), sin duda podemos resolver tal o cual problema social".

Muchos de los problemas de la ciencia y la ingeniería espaciales involucran constantes físicas (como las gravitatorias y las electromagnéticas) que determinan las relaciones entre las variables dependientes, se pueden poner en términos matemáticos y expresar en ecuaciones, fórmulas y "modelos" estables y predecibles. A medida que avanzan la computación y la tecnología, los ingenieros espaciales son cada vez más eficaces, precisos y rápidos en sus labores. ¡Pero la economía no lidia con cosas sino con personas! Y, por lo tanto, no hay parámetros confiables entre los cuales diseñar la "solución" requerida.

Un ejemplo. En física hay una regla inviolable: los efectos no pueden preceder a las causas. En economía es diferente, como sobran casos respecto de las expectativas de inflación, por citar tan sólo una de las muchas fuerzas que mueven los mercados.

Pero una verdad tan elemental, sencilla y básica, no es aceptable (de hecho, es hasta ofensiva) para los economistas que no quieren reconocer que sólo son (y pueden ser) observadores deductivos de la realidad, y no dictadores inductivos del futuro. Ni modo, camaradas: ustedes los economistas son cronistas y no semidioses, registradores del pasado y no creadores del porvenir, reporteros acuciosos y no las divinidades omnipotentes que les han hecho creer que son.


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