Nunca se sabe con Tigres


Lo preferible es no pronosticar mucho sobre Tigres en tiempos de Liguilla. Nunca se sabe hasta dónde puede llegar hasta que por ahí se cuela en alguna que otra Final. Nunca da señales por anticipado.

Siempre es candidato, pero no siempre es el que juega mejor y por lo mismo confunde. No necesita ser supremo para llegar hasta arriba. Esta es una particularidad que retrata al automatizado y desconcertante equipo de Ferretti.

Tigres tampoco necesita dar garantías de éxito o apantallar en una serie de Liguilla. Con muy poco le suele alcanzar. Ni su condición de local supone ser una ventaja para cerrar un duelo mano a mano.

Es un equipo impredecible, pero tremendamente intimidante para cualquier rival en instancias decisivas. Y para el León seguro que lo es, más allá del valor estético y conceptual que le ha dado el uruguayo Gustavo Díaz a un cuadro que ha recuperado rasgos de buen futbol.

En la balanza, León ha mostrado mejores atributos colectivos que Tigres en buena parte del torneo, independientemente de esa productividad que sólo se refleja en las posiciones.

Es cierto que León ha tenido un cierre muy malo –dos derrotas al hilo– que en cierta medida le abren un interrogante sobre su alcance en la Liguilla, pero lo de Tigres no ha sido muy diferente.

La forma con la que perdió el reciente Clásico frente a Rayados puede resumir el presente de un Tigres que está muy lejos de ser un equipo que invite a ilusionarse a sus aficionados.

Sin embargo, es poco probable que le afecte el último cachetazo, porque si algo tiene Tigres es esa capacidad para estar siempre en un estado competente, incluso, cuando muchos creen que va camino al fracaso.

Es muy difícil entender a un Tigres repleto de virtudes técnicas insertadas en un aburguesamiento táctico. Porque su futbol no podrá conducir a nada, pero cualquier individualidad inspirada u oportuna le será suficiente para cambiarle el humor al equipo.

Tigres no ocupa jugar bien, sino cargarse de combustible anímico. Su futuro en una Liguilla no depende de un partido bien ejecutado ni de Ferretti, sino de una jugada, tal y como ha sucedido a lo largo del torneo, donde ganar con lo justo, por un gol o por un acto de contundencia aislado del desarrollo, le ha dado grandes beneficios.

Por lo tanto, de Tigres se puede esperar cualquier cosa en estas instancias. No será novedad si le va mal, como tampoco extrañaría que llegue a una nueva Final.

En todo caso, lo único inoxidable de Tigres es ese rarísimo gen que le ha permitido en los últimos años mantenerse en la foto de los mejores, aunque muchas veces no lo sea.

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