Observación de una crítica


A veces pareciera que la interacción en este mundo se pudiera representar sobre un ring. Sólo que en lugar de rudos y técnicos, la lucha libre se realizaría con diferentes enmascarados.

Los más obvios son los aficionados de los Tigres contra los Rayados, o el Barça contra el Real Madrid. Los hay políticos, donde los de la derecha luchan contra la izquierda. Y según la sociología, las confrontaciones siguen y siguen dependiendo de los gustos, intereses, opiniones, creencias, posturas y formas de vida.

Sin hablar de las máscaras autoimpuestas, la mayoría de las veces los bandos contrarios del pensamiento no están tan definidos y posicionan al individuo como si estuviera frente al resto del mundo, señalando lo que no se ajusta a su patrón único y perfecto. Y así veía al hombre radical enfrentando el feminismo, aquel religioso criticando a los ateos, el liberal yéndose a la yugular de los conservadores, el científico burlándose de lo inexplicable, el fashionista viendo para abajo el outfit simple, la profesionista extrema haciendo sentir menos a las amas de casa, el ama de casa descalificando a las corporativas y el usuario de Mac contra el mundo de las PC.

Acepto que, en un nivel muy soberbio, me jactaba de no ser de ésos que criticaban al prójimo hasta que me di cuenta de que estaba criticando a los que criticaban, quedando en el mismo plano que todos los demás. Y ya que fui consciente de mi esquema, descubrí además que me causaba un enorme placer. ¿Por qué disfrutaba criticarlos? Por la misma razón por la que la mayoría señala a la ligera: para tener esa ilusa percepción de sentirnos superiores y en control.

Esa adicción constante de ver el error en el prójimo hace sentirnos como si fuésemos el gran juez divino que decide qué está bien y qué está mal. Es obvio que en el fondo cada quien piensa que vive en lo correcto y el mundo entero es el que piensa diferente y actúa raro. “Está mal porque no piensa como yo”.
¿Qué pasaría si logramos liberarnos, vernos a nosotros mismos y disfrutamos plenamente y en su totalidad de la compañía del entorno? Aceptación pura. No más jueces, no más ego, no más calificaciones. Pura aceptación.








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