OpiniónMonterrey
Más del autor

Pida, pida y vuelva a pedir

En el ´caló´ de los toreros

La violencia electoral

Personas transformadoras

Semejanzas y diferencias entre presidenciales

No está fácil cambiar

Piedra, papel o tijera

Ojo con que nos pierdan la confianza


¿Cuándo se le pierde la confianza a un colaborador, a un amigo, a un candidato, a un jefe, a un partido político, a una empresa, a un alumno o un profesor? Ante esa pregunta de Katchumo, mi asesor de Santa Catarina, le comenté: yo le pierdo la confianza a una persona cuando no cumple lo que promete, cuando no me dice la verdad y cuando no actúa con honestidad, sobre todo si ese acto de deshonestidad me afecta directamente. Y claramente para mí la honestidad es la mejor política hábito para que nos tengan confianza.

¿Qué nos dicen los expertos? Que: "uno de los pasos más importantes para construir una base sólida de confianza es cumplir tu palabra. Incluso si se trata de algo insignificante. Cancelar o no cumplir lo que prometes ocasionará pequeñas o grandes fracturas en tu confiabilidad... Con el tiempo, las personas pueden llegar a percibirte como alguien que no es digno de su confianza". Tenemos que hacer nuestro mayor esfuerzo en cumplir lo que prometemos.

Desde luego no siempre podemos cumplir lo que prometemos, si ese es el caso entonces lo que debemos hacer es hablar con la persona a quien le hicimos la promesa y le explicamos por qué no se pudo cumplir lo que prometimos o se le hace una nueva promesa-compromiso, con el cual sí creemos firmemente que lo podemos cumplir. Si repetidamente se cumple lo que se promete, eso nos transforma en una persona a quien se le tiene una gran confianza. Si no lo hacemos, entonces nos transformamos en una persona, en un partido político, en una empresa, en una organización de gran desconfianza.

¿Ante una situación problemática o ante una pregunta crítica, usted qué respondería?, me pregunta Katchumo: En esa situación podemos seguir uno de cuatro caminos: decir no sé, mantenerme callado, decir una mentira o decir la verdad. Los primeros tres casos son un buen camino para que nos pierdan la confianza. El cuarto camino es el que puede fortalecer la confianza que nos pueden tener.

Pero me dice Katchumo, el mentir es una estrategia de defensa ante una situación problemática; es cierto, le dije, pero a la larga van a encontrar que dijiste una mentira. Si eso sucede admite que dijiste una mentira, explica los motivos de por qué lo hiciste y sobre todo muestra que tu arrepentimiento es realmente sincero, pues si dices otra mentira que justifica la anterior mentira, eso sólo hace crecer la posibilidad de que te tengan una gran desconfianza.

¿Qué más nos recomiendan los expertos? Me vuelve a preguntar Katchumo. Ellos nos recomiendan: "Ofrece información basada en la verdad; no omitas detalles importantes; si realmente deseas construir confianza, dile a la gente lo que necesita o quiere saber; si guardas secretos, no niegues que los tienes... pero guarda los secretos que te confíen; pero sobre todo... demuestra tu lealtad hacia los demás (la filosofía del respeto de Alfonso Reyes: Respeto a uno mismo, a los demás, a la naturaleza); aprende a controlar tus emociones... es difícil confiar en alguien cuyas emociones son impredecibles o sobre todo inestables; evita el comportamiento abusivo (respeto a los demás); haz promesas que sí puedes cumplir; no olviden que los actos o actividades engañosas destruyen la confianza".

¿Podremos hacer algo al respecto?, se preguntará usted. Claro que sí, diría yo, como se los comenté hace tiempo: primero, promover el fortalecimiento de los hábitos de comportamiento que conduzcan a que tengamos confianza en nosotros mismos y que los demás nos la tengan, consolidando hábitos relacionados con el orden, la puntualidad, la responsabilidad, la honestidad, la veracidad y el respeto a normas y reglamentos. Y segundo, exigir esa creación de confianza por parte de nuestras autoridades y líderes comunitarios a través de su comportamiento y no a través de sus dichos y comentarios. Y si no son capaces de hacerlo, apliquémosles la filosofía de nuestra antigua relación con Fidel Castro: Comes y te vas.



Volver arriba