Pequeñas cosas


Windsor, Londres. Mayo 19, 2018. 

Harry y Meghan celebran su boda. 

Hay eventos que cambian el rumbo de la historia. 

"Quizá sea cierto que las cosas pueden cambiar en uno solo día. Que unas pocas docenas de horas puedan afectar el desarrollo de vidas enteras... cosas comunes, pequeños hechos, destrozados y recuperados. Imbuidos de un significado nuevo". La cita es de uno de mis libros favoritos, El dios de las pequeñas cosas. En él, Arundhati Roy cuenta de amor y libertad, de esas pequeñas cosas que de a poco se acumulan y terminan por cambiar comportamientos, creencias, vidas.

La historia que cuenta Roy sucedió en Kerala, al sur de India entre los años 1967 y 1993. "Todos infringieron las normas. Todos entraron en territorio prohibido. Todos alteraron las leyes que establecían a quién debía quererse y cómo. Y cuánto". Ammu y Velutha se amaban, pero él es un "intocable". Esta diferencia de castas entre ellos ni siquiera le permite a Ammu pisar por donde él ha pisado, por eso Velutha camina hacia atrás, agachado, borrando las huellas que dejan sus pies descalzos. ¿Amar a Ammu? Impensable.  

El sistema de castas tenía sus leyes, pero el amor tiene las suyas. Y sí, la idea de que un grupo de personas, ya sea por su raza, su nacionalidad, su religión o su estatus social es superior a otro ha marcado la historia de la humanidad con divisiones violentas, pero el amor las va diluyendo despacio con esas pequeñas cosas de la vida que no escriben los libros de historia, sólo las novelas y los cuentos. 

Una foto. El príncipe Harry y Meghan Markle besándose al salir de la capilla de San Jorge. Están casados. Una de esas pequeñas cosas que, en un solo día, puede hacer que la vida cambie en un país en donde las tradiciones parecen ser eternas. "Tenemos que descubrir el poder del amor, el poder redentor del amor. Cuando hacemos esto, seremos capaces de crear un mundo nuevo de este viejo mundo. El amor es el único camino", dijo el Reverendo Michael Curry durante el sermón citando el símbolo de los derechos civiles.

Y sí. Quizá el amor sea ese camino que logre borrar las líneas que separan a las personas imponiendo leyes de a quien amar, cómo y cuánto, líneas que dividen en grupos y colores. Quizá al enamoramos tomamos en cuenta otras cosas, como esas pequeñas cosas de las que escribe Arundhati Roy en su novela, que si se le hace un hoyito en la mejilla cuando sonríe, que tiene un brillo especial en los ojos, que si sus manos son fuertes, que si... Quizá en el amor la identidad deja de ser determinada por un vestido, una nación o una posición social y se fusiona con los ideales morales, la personalidad, los sueños, lo que va dentro.  

La boda de Harry y Meghan demuestra el camino andado por Inglaterra desde que el Rey Eduardo VIII eligió abdicar en 1936 para poder casarse con Wallis Simpson, una mujer norteamericana divorciada. Lo más probable es que Harry no tenga que hacerlo, tendría que escalar desde su sexta posición para llegar al trono. Esta boda, como la novela nos habla de amor y libertad, habla de un país que quiere sanar eso que esta roto en las sociedades, no sólo en la suya. Muestra una comunidad que se mueve de lo fragmentado a lo integrado. 

Los genetistas reconocen las diferencias entre las razas humanas, sus rasgos físicos, sus tendencias de salud, aptitudes y hasta comportamientos; similitudes como legado de la memoria de los genes que se fue acumulando en tantos años de vida compartida y reproducida. Pero a pesar de las diferencias aparentes, nos relacionamos, hacemos comunidad, amistad, nos enamoramos, formamos pareja y familia, me gusta pensar que en lo profundo de nuestras personas estamos conectados, finalmente estamos hechos del mismo barro.


Volver arriba