Perdimos el rumbo


El 8 de agosto queda en la memoria política de México por ser la fecha en que AMLO asume su cualidad de presidente electo, paso previo a ser presidente de los mexicanos.

Los mexicanos –en mayoría– votaron por él porque ofertó cambios de fondo en el rumbo del país, cambios que debieran parecernos risibles, pero que reflejan la pérdida de rumbo como sociedad; nuestra clase política es el mejor exponente de esta descomposición social.

No se trata de responsabilizar a los políticos de la podredumbre que se vive en el ejercicio del poder, finalmente, ellos surgen de una sociedad en descomposición, este es el origen del problema.

Tenemos gobiernos de todos los colores e ideologías –incluyendo independientes– y, sin excepción, se ha presentado la falta de honestidad y probidad en su actuar.

En Nuevo León, los llamados "candidatos ciudadanos" o "independientes", al llegar al ejercicio del poder, muestran su lado opaco, corrupto y sin congruencia.

Tomemos un caso, Samuel García, llega bajo la bandera de "candidato ciudadano" al Congreso local por Movimiento Ciudadano; en sus casi tres años como diputado revela que la moral y el dinero chocan frecuentemente.

En abono al joven político, émulo del dios Baco, podemos decir que es reflejo de su tiempo, goza de simpatías por ser superficial, no es su culpa, es reflejo de una sociedad hedonista, materialista y utilitarista, guste o no esta afirmación es la realidad entre un amplio sector poblacional.

AMLO, en su mensaje al recibir la constancia, afirma que será un gobernante honrado y justo. Es innecesario que un gobierno emanado de un sistema republicano, democrático y liberal, tenga que ponderar estos valores éticos como base de su ejercicio; deberían estar por sobreentendidos.

Sin embargo, ante la descomposición ética que vive la sociedad mexicana –de la cual somos dignos representantes los nuevoleoneses– la bandera de campaña y la promesa central del próximo presidente son la honestidad, la honradez y la justicia.

Más grave, con un dejo de duda, deseamos tenga la capacidad de cumplir los tres valores axiológicos sobre los que pretende cimentar el gobierno de la cuarta transformación. Perdimos el rumbo y no sabemos por dónde enderezarlo.

Los mexicanos en su mayoría votaron por él porque sueñan se realice un cambio. El cambio esperado no implica transformar la forma de gobierno, tampoco la visión progresista o concepciones ideológicas, es un cambio que regrese la ética pública.

El cambio es hacia un gobierno que no sea corrupto, por uno democrático y republicano, parece un contrasentido cambiar lo que ya existe.

Todo está ahí, pero en abandono. Por ley la corrupción se castiga, pero en la práctica la simulación y la impunidad alimentan esta práctica.

Somos una nación democrática, pero sus instituciones democráticas se han corrompido, alejado de la legalidad y prestado a la inequidad electoral.

México es un Estado republicano desde su nacimiento, pero el ejercicio de los metapoderes presidenciales han influido en los otros cuatro poderes autónomos: el legislativo, el judicial y el poder ciudadano en instituciones como la electoral y la de transparencia.

Se votaron las propuestas de AMLO porque perdimos el rumbo como sociedad y como Estado. Porque conocemos el deber ser de una nación libre, justa e igualitaria, pero reconocemos que renunciamos a ese camino.

Porque en este cambio de rumbo no nos gustó como sociedad el abuso de quienes detentan el poder. Ahora queda esperar que el caudillo aniquile al caudillismo, que un gobierno unipersonal y presidencialista, borre de la historia futura a los nefastos gobiernos unipersonales. 

Perdimos el rumbo como sociedad y engendramos monstruos que llevamos al poder una y otra vez, ya sea que fueren tricolores, amarillos, azules o independientes; hoy apostamos por uno de los mismos que promete estar vacunado de la corrupción, el hedonismo en que vivimos, del materialismo seductor que nos embriaga y del utilitarismo que motiva a despreciar al prójimo.

Ojalá AMLO sea lo que ofrece, por el bien de México y de su historia personal.

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