‘Pesquerilandia’ y la impunidad


El manejo financiero del municipio de Pesquería es un caos y, a río revuelto, gana Miguel Ángel Lozano. Al particular alcalde se le acumulan pifias administrativas, pero hace rato que esto dejó de preocuparle. En todo caso, confía en la impunidad como recurso de autosustentación.

La Auditoría Superior del Estado (ASE) le ha hecho nada menos que 99 observaciones a la gestión 2016 de Lozano, una cifra de anomalías exageradamente alta para el tamaño del municipio. Estamos hablando de un Pesquería que está en plena expansión, es cierto, pero del mismo calibre es su desorganización.

A la ASE no le dan las cuentas. Lozano no ha podido comprobar aún el destino de más de $2 millones de pesos, la mitad de estos perteneciente a recursos entregados bajo el rótulo de “donativos” que le han acercado personas y empresas.

También se han detectado irregularidades en el padrón de proveedores que, para fines administrativos, no existe, y por lo tanto, no se pueden comprobar los contratos. Incluso, hay incumplimiento en los procesos de licitaciones.

¿Puede ser que cuatro empresas beneficiadas para diversas tareas hayan sido creadas con un mismo domicilio fiscal y coincidentemente con el arranque de la nueva administración? En la “Pesquerilandia” de Lozano, todo supone ser posible.

Desde finales del 2015 a la fecha en Pesquería pasan cosas extrañas. El municipio se ha convertido en un auténtico laboratorio para las transas, sobre todo en lo que tiene que ver con el transporte público, apadrinado nada menos que por gobierno estatal.

Y es este proteccionismo del cual goza Lozano lo que ha detonado el libertinaje. Pesquería es uno de los municipios de ultracrecimiento de Nuevo León y por la misma razón quienes están en el poder aprovechan esta coyuntura para sacar ventajas, incluso particulares, ante las necesidades primarias de la gente.

Ya habíamos apuntado desde este Vigía que Lozano, en su faceta de empresario, le vendió en febrero del 2016 al Lozano alcalde 10 camiones de su flota con más de 10 años de antigüedad para apoyar a niños de escasos recursos en sus traslados a las escuelas.

Pero fue una estafa: lo que le entregó a su municipio fue “chatarra”, pero a precio de “seminuevo”. Es decir, Lozano armó la transa, cobró por hacerla, se deshizo de una porquería y abarató la flotilla de transporte de su propio municipio. Surrealismo puro.

El alcalde “juega” con Pesquería porque al gobierno de Jaime Rodríguez también se le ocurrió tenerlo como aliado.

Le han dado vía libre, por ejemplo, para monopolizar el transporte público en el municipio, además de ser ahora el brazo ejecutor de la Agencia Estatal del Transporte en la abierta guerra que trae con la CTM, curiosamente la mañosa “escuela” que ha tenido Lozano.

Pero mientras pasan estas cosas raras, la población se queja de todo. La falta de infraestructura pública en Pesquería, sobre todo lo que tiene que ver con vialidades, no solo afecta a la gente, sino en gran parte a empresas que han elegido el lugar para asentarse. Kia es una de ellas.

En un municipio donde se impone la selvática ley del más fuerte, donde sé “fabrican” porros y donde prevalece la impunidad, que falten $2 millones de pesos de las arcas municipales es un juego de niños.  



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