IrreverenteMonterrey
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Sácale a la vida miel, no hiel

Coloquemos un ladrillo hoy encima de otro que pusimos ayer

Se insultan públicamente, y comen juntos en privado

Y quienes nos la vivimos en el cerro, ¿qué código postal tenemos, eh?

De ´senderos luminosos´ y otra vez, de ´inteligencia´

Y el mejor librado del PRI resultó ser su candidato

Sopa de sapo es la del día

Plaga en el cine, la tierra, el teatro y en todo lugar


En vez de darle las buenas noches a su pareja, se las dan a él. Igual sucede con los buenos días.

Se duermen y despiertan abrazándolo; lo traen consigo a todos lados, hasta al baño se lo llevan y nomás falta que lo metan a la regadera, aunque ya hay quienes lo hacen, porque hagan de cuenta que algunos son como anfibios. Lo sientan a la mesa, al bar o en el café, y por más interesante que esté la plática con el resto de los comensales, apenas suena, se olvidan de todos y se ponen a hablar con él. Prefieren cederle el volante a otro acompañante y ocupar el lugar del copiloto, para ir al pendiente de él y atenderlo por si "habla" durante los trayectos en auto. Si lo olvidan en la casa, aunque vayan a más de 20 kilómetros se regresan, porque sin él, es como si anduvieran desnudos. Les platico: después de una buena comida, antes era fumarse un cigarro. Hoy, él acapara esos momentos. En las películas, después de que la pareja de protagonistas terminaba sus encuentros más íntimos, cada uno encendía su cigarrillo y en el humo disipaban su pasión. Hoy, cada cual lo toma entre sus manos y del otro ni se acuerdan. No hay concierto, cine, obra de teatro o conferencia que se pierda. A todos lados va, y es tan imprudente que le da por "hablar" en plena función, y aunque sea con ruidos porque le tapan la boca, distrae a quien lo lleva y a los que tienen la desgracia de estar a 30 metros a la redonda. Muchos de ellos tienen hasta seguro contra accidentes, daños, robos o mortandad; a sus dueños quizá apenas les alcance pa´ atenderse en el IMSS, pero ellos –qué esperanzas– están asegurados con cobertura privada total. Si se pierden, fácil los encuentran porque traen localizadores GPS y si se los roban o secuestran, hasta pagan rescate por ellos. Son los primeros que se esconden en el caso de un asalto y sus dueños los quieren tanto, que prefieren que les quiten las carteras. Muchos hasta nombre tienen y se visten con "ropa" de marca para no andar encuerados como salieron de recién nacidos en la maternidad. Los quieren tanto y los protegen, que hasta cascos, rodilleras, espinilleras, coderas y guantes les ponen para que no se vayan a descalabrar en una caída. ¿Y A MI MAMÁ POR QUÉ? En dónde mero fue, es lo de menos, porque estas cosas suceden en todos los cines, en todos los teatros y en todos lados. Delante de nosotros, un tipo usando su celular con pantalla poquito menos grande que una laptop. La película había comenzado 20 minutos antes y no paraba de chatear, mientras nuestra paciencia iba in crescendo. Incluso recibió una llamada –con el timbre silenciado, eso sí– y cuando terminó de hablar en tono normal, ni crean que bajito, mi Gaby se inclinó hacia él, y con el tono irónico y mordaz que utiliza en estos casos, le dijo que estaba molestando con su celular encendido. Ignorándola olímpicamente, el interfecto se dispuso a marcar para hacer otra llamada. Entonces, apareció la rayita que faltaba para dispararme como resorte y me planté a su lado para decirle en modo respetuoso, en serio, en ese tono le hablé: "disculpe, está usted molestando con su celular en plena función". Sin despegar su vista del aparato, me hizo la señal internacional del "ratito" y agregó: "dame un minuto". Así, sin el consabido y obligado final de ", por favor,". Entonces, le respondí: "pero si tiene 5 minutos de estar hablando por teléfono". Acto seguido, dirigiéndome una amedrentadora mirada, espetó lo siguiente, que transcribo literal, disculpándome por el alvaradeño y florido lenguaje que utilizó: "te voy a partir tu madre si sigues jodiendo"."Bueno, como mi mamá no vino al cine, ¿qué le parece si me acompaña al lobby para llamarla y ahí se la parte usted como dice? A ver si ella se deja". Le respondí de bote pronto, ya sin el tono cortés del principio. El tipo no se movió, mientras yo esperaba pacientemente a que se levantara. Durante el resto de la película no volvió a usar su celular, ni tampoco los que igual lo usaban a su alrededor. Como ya no fue necesario pedirle que interrumpiera sus ocupaciones para ir al lobby del cine, no molesté a mi mamá, que seguramente a esas horas estaba a la mitad de su rosario vespertino...CAJÓN DE SASTRE

1.- "Por más miel que uno quiera en vez de hiel, a veces nos topamos con este tipo de especímenes, y no nos dejan más opción que tupirles", dice al respecto mi Gaby.2.- A juzgar por la buena vida que les dan a esos engendros, algunos quisieran ser celular. Sé de algunos...

placido.garza@gmail.com


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