Plurinominales al banquillo


La representación proporcional es el mecanismo de las democracias representativas para incluir  las minorías excluidas por las mayorías. En México inicia en 1963 y evoluciona hasta tener 200 diputados federales y 64 senadores por representación proporcional (RP).

Los legisladores por RP son vitales en las democracias plurales, donde la multiplicidad cultural impide que todos los ciudadanos encuadren de dos o tres partidos políticos.

Es la RP la que permite que se escuche a las minorías pulverizadas que se distribuyen por el territorio nacional, así gracias a un número mínimo de votos obtenidos, se alcanza una curul en el poder legislativo.

Hay diferentes formas de RP en el mundo: por lista de partidos, de elección entre una lista, de primer minoría, y de segunda vuelta, entre otras.

En México tenemos 300 diputados federales de mayoría relativa que se complementan con 200 de RP mediante circunscripciones plurinominales.

El Senado tiene RP mediante la combinación de primera minoría y listas de plurinominales. Son 64 senadores electos por mayoría relativa, 32 por primera minoría y 32 por listas plurinominales.

En los últimos años el debate sobre la utilidad y vigencia de los legisladores por RP llevó a comentarios radicales, desinformados y enfocados a su extinción; expresiones excluyentes, ajenas a la historicidad nacional y que –de concretarse– eliminarían la voz a las minorías.

El clímax del debate se alcanza luego del sismo del 19 de septiembre de 2017, cuando la sociedad se vuelca rabiosa contra los legisladores de RP por el gasto oneroso que representan; el PRI, en un acto populista, propone la extinción de los 200 diputados federales y los 64 senadores de RP, trasladando la propuesta a los congresos locales.

Todo quedó en un acto mediático, de espaldas a la democracia representativa y pluricultural que existe. Luego del sismo electoral del 1 de julio de 2018, seguramente los priístas y panistas descubren el avance democrático que implica la RP y el valor de dar voz a las minorías que pierden frente a las mayorías en las urnas.

La de 2018 fue una elección “sui géneris”. Morena, partido que juega su primer elección presidencial, se alza con el 44.49% de los 56 millones 611,027 sufragios contabilizados, equivalentes al 63.42% de los 89 millones 250,881 electores reportados en la lista nominal según el INE en su sitio www.ine.mx.

Deja atrás al PAN, que obtiene el 17.65%; PRI, 13.65%; PRD, 2.83%, y PT, 6% del total de sufragios (no se incluyen otros partidos o candidatos, por eso no suma 100 por ciento).

En la conformación del Congreso de la Unión las cifras fueron semejantes: Morena suma el 37.25% de los votos para diputados federales; el PT, 3.92%, y el PES, 2.40%, con lo que logran en conjunto 218 diputados por mayoría relativa. Igualmente, obtiene 50 de las 64 senadurías por mayoría relativa.

De no existir la representación proporcional la paridad de legisladores en oposición al actual poder ejecutivo estaría más desbalanceada de lo que será.

Consideremos los datos por mayoría relativa respecto a los 300 diputados electos. Mientras Morena y coaligados se quedan con 218 escaños, el PAN y aliados obtienen 68 espacios legislativos, y el PRI, con coaligados, suma 14 diputados. De esta manera, tenemos un Congreso de mayorías absolutas en el que los otrora partidos grandes hoy son la chiquillada que apenas conjuntan 82 diputados que corresponden al 27.33% de los representantes populares.

Morena y sus afines obtienen sólo el 43.57% de los votos, lo que significa hay un 56.43% de electores que sufragaron de entre los 89 millones 250,881 totales, que prefieren una opción diferente.

Morena y aliados alcanzan el 72% de los diputados, con 39 millones de votos, y las demás fuerzas, 27.33% de representantes con 50 millones de sufragios, este defecto democrático se corrige con la RP.

Seguramente el PRI desea se olvide su propuesta de eliminar la RP del poder legislativo, pues la Historia nos recuerda lo importante que es para equilibrar la desigualdad que produce la democracia de mayorías. La RP es la base de la inclusión cuando las mayorías son excluyentes.


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