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Recordé un mensaje que escribí hace tiempo, al cual titulé "Pobres peatones". Lo recordé por las notas que han salido en nuestro periódico, en el cual se destacan los problemas que tienen las personas que se mueven en la ciudad caminando en las banquetas. ¿Serán banquetas?

Pues, de acuerdo a Wikipedia, "las aceras sirven para el movimiento utilitario de peatones o para otras actividades sociales, comerciales o culturales. Dentro de las normas y estándares se recomienda la eliminación de las llamadas barreras de infraestructura de las aceras para así reducir las dificultades de las personas con discapacidad. Se requiere que las aceras dispongan de rampas en los cruces con la calzada para facilitar el paso de personas en silla de ruedas".  ¿Pero, realmente se puede caminar tranquilamente en nuestra ciudad?

Me temo que no. Yo frecuentemente camino, como parte de mi salud física, a diferentes horas y en diferentes lugares, incluido el centro de la ciudad de Monterrey –donde tengo mi oficina provisional–, y vuelvo a notar el problema que tienen las personas que tienen o tenemos que caminar en nuestra ciudad. 

Y al hacerlo me di cuenta de nuevo que el orden de importancia de los elementos y unidades móviles sigue teniendo la misma jerarquía que les mencione hace ya buen tiempo: "primero los tráilers, después los autobuses, los taxis, las camionetas, los automóviles, las motocicletas, las bicicletas, los perros y, por último, los peatones. Y en el fondo de todos están las personas adultas mayores o las personas que tienen alguna discapacidad motriz y que intentan transitar por las aceras de nuestra ciudad. 

Estimada lectora, vuelva a tratar de caminar por el barrio antiguo usando cualquier tipo de zapatos con tacones, o trate de pasar caminando a través del puente Pino Suárez de la colonia Independencia hacía el centro de Monterrey, y verá lo difícil que es hacerlo. En el puente encontrará usted porciones que no tienen banquetas y se tiene que transitar por uno de los carriles de circulación, sintiendo cómo pasan los carros y autobuses rozándonos. Imagínese pasar con uno de sus hijos pequeños, como muchas mamás lo tienen que hacer.  

Y volví a ratificar que muchas banquetas no tienen el ancho recomendado por los expertos (dos a tres metros) y muchas de ellas están invadidas por postes, parquímetros, anuncios, árboles, autos estacionados sobre la banqueta, vendedores ambulantes, rampas para estacionar al rey en las cocheras de nuestras casas o negocios. Verá pozos, piedras, basura, adoquines mal puestos; en fin, un camino lleno de obstáculos para quien quiera caminar por nuestras banquetas".

Pero, como diría mi correctora de estilo, "¿y luego, qué propones?". En ese tiempo le respondí y lo vuelvo a hacer: "podemos proponernos tener como hábito de comportamiento el respeto al peatón por parte de quienes manejamos los diferentes medios de transporte, sugerir y pedir a nuestras autoridades incorporar en sus programas de transformación de nuestra ciudad el mejoramiento de la infraestructura peatonal.

No se vale invertir grandes cantidades de dinero sólo en las mejoras de la vialidad para los automotores, no se vale únicamente invertir en pasos a desnivel y vías rápidas para que podamos transitar más rápido.

Podemos aplicar el 90-10 a los recursos que se usan en mejorar la vialidad, 90% de la inversión para la vialidad y el 10% para la vialidad peatonal.

Por cierto, vuelvo a recomendar que sería excelente construir un Metro elevado que transite por el río Santa Catarina desde Apodaca hasta Santa Catarina; eso disminuiría significativamente el tráfico vehicular, y su construcción no nos molestaría y sería un símbolo importante para nuestra comunidad regiomontana. 

Pero, ¿usted cree que alguna vez tendremos este tipo de estrategias en nuestro país, en nuestra zona metropolitana de Monterrey? ¿De quién depende hacerlo?


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