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Agarren aire por favor. El nombre de la dependencia creada por el nuevo régimen es: Subsecretaría de Participación Ciudadana, Democracia Participativa y Organizaciones Civiles adscrita a la Secretaría de Gobernación, y su misión  —si el responsable decide aceptarla —, es servir de contrapeso a los partidos políticos opositores de Morena. Por lo pronto, Tatiana Clouthier no quiso entrarle, a pesar de que Andrés la nombró para ese puesto desde el mismito 2 de julio. 

Lo bueno de esta idea  —porque hay algo malo también —, es que así México se puede librar de un montón de partidos parásitos, que son negocios familiares y que para nada sirven a los mexicanos.

Por lo pronto, ya perdieron el registro el Partido Nueva Alianza (Panal), y Encuentro Social (PES). Con estos fuera, se les acabó el negocito a Elba Esther Gordillo y a Hugo Eric Flores Cervantes.

Siguiendo con el propósito bueno de dicha subsecretaría, el plan es promover la participación activa de la ciudadanía en la vida política del país. No en balde, "federalismo" es: menos poder a la Federación y más a los Estados; menos a los Estados y más a los municipios y menos a los municipios y más a los ciudadanos. 

Lo malo es el fin último que persigue la mentada subsecretaría. 

Les platico: para controlar a las masas, uno de los métodos más efectivos es la "credencialización": 

1. Los "ninis"aprendices que les quieren enjaretar a las empresas. 

2. Quienes entrarán sin examen de admisión a las universidades públicas.

3. Los que serán agrupados en las organizaciones cívico —políticas que le harán competencia a los partidos opositores de Morena.

En los tres casos, se trata de legiones de jóvenes que le deberán al nuevo gobierno: 

1. Su inesperado salario por chambear sin trámite alguno ni reunir los requisitos que los humildes mortales debemos cumplir si queremos un empleo. 

2. Ocupar un pupitre en algún centro de enseñanza pública superior, sin tener que aplicar un examen de admisión y encima, pudiendo desertar cuando se les pegue la gana.

3. Formar parte de una naciente generación de "partidos políticos satélites", que gravitarán en la órbita del "sol moreno".

El objetivo principal del nuevo gobierno son los jóvenes. Lo viene diciendo López Obrador desde hace doce años. Bueno, también lo son los adultos mayores, como algunos de los miembros de su séquito más cercano, a quienes además de la edad hay que preguntarles cuántos infartos tienen.

1. Los "ninis"aprendices no van a serle leales al jefe o al patrón, sino al presidente que les regalará un salario mínimo. No le hace que en realidad la lana vaya a salir de nuestros impuestos. Los chavos van a jurarle lealtad al nuevo gobierno. Los beneficiados en este segmento serán casi dos millones y medio de chavos, que de la calle pasarán directo a las líneas de producción de las fábricas.

2. La eliminación del examen de admisión es una promesa que López Obrador acuñó como eslogan en su última campaña, y los ganones serán más de 10 millones de jóvenes que aunque hayan pasado de panzazo en la prepa y después de "N" oportunidades, tendrán su lugar asegurado en las universidades públicas, para seguir fosilizándose "por los siglos de los siglos" o hasta que decidan desertar. Todo esto a costa de nuestros impuestos y aunque con ello se deje de privilegiar al talento. 

3. Los integrantes de las nuevas organizaciones cívico-políticas también le deberán tal distinción al nuevo presidente. Aquí no hay cálculos aún de cuántos serán, pero viendo lo que está ocurriendo en la UNAM y más aún después de que López Obrador citó en su casa al Rector Graue, pintan para ser miles y las redes están ya tendidas.

A un llamado del tlatoani del siglo XXI, estos millones de súbditos agrupados en los tres segmentos anteriores, podrán ser utilizados  —sólo en caso necesario, conste — como fuerzas leales de presión o de choque para:

1. "Concientizar" a los empresarios de que deben cumplir con una responsabilidad social equiparable en importancia a sus legítimas intenciones de lograr la rentabilidad de sus negocios. 

2. Intervenir con voz y voto en los consejos universitarios e influir en la designación o destitución de rectores y en el destino que se de a los multimillonarios presupuestos de los principales centros de enseñanza pública superior del país.

3. Formar una nueva generación de partidos políticos, que llenarán los vacíos que dejarán todos los que perderán su registro  —nacionales y estatales — por no lograr los mínimos de votos que exige la ley electoral, pero más que eso, por no ser parte de los satélites de Morena.

¿Y LOS SINDICATOS?

Son una cuarta categoría en la hegemonía que busca el nuevo gobierno, que "enseñó" sus armas al presionar a Peña Nieto para liberar a Elba Esther Gordillo, que ya empoderada por Morena retomará el control de 1 millón 673,623 maestros.

Otros 100,000 corren por cuenta de la CNTE, con cuyos líderes López Obrador se congració de tal forma que  —otra vez —, hizo que Peña Nieto doblara las manos ante sus exigencias para que sus sueldos no fueran tocados durante los meses de paro que tuvieron en Oaxaca.

Y de los mineros se encargará Napoleón Gómez Urrutia, quien ya con su fuero bajo el brazo maniobra para que  —de nuevo — el gobierno saliente lo legitime con su toma de nota como secretario general del sindicato con más afiliados de ese gremio. Así, a las legiones de jóvenes leales al nuevo presidente, se sumarán millones de maestros y mineros.

Tiene razón AMLO: ¿para qué quiere 3,000 soldados del Estado Mayor Presidencial que lo cuiden?, si tendrá a millones de leales a su causa listos para entrar en acción "si la patria os lo demanda".

Palabras más palabras menos, lo dijo Paco Ignacio Taibo II en una de las asambleas de Morena: si cualquiera del gran capital decide cerrar sus fábricas para irse a Costa Rica, en unas horas habrá miles rodeándolas para impedirlo.

CAJÓN DE SASTRE.

"Por algo la hija del Maquío no quiso ese cargo en gobernación. Creo que hizo bien al preferir.


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