¿Por qué nos pega la crisis turca?


Aunque Turquía está lejos geográficamente de México y de otras naciones, gracias a Internet todos los mercados del planeta están interconectados, por lo que las fronteras y distancias en realidad, ya no existen para los movimientos de capital, salvo por las restricciones políticas que imponen en algunos países. Por cierto, esto también queda eliminado por completo en sistemas monetarios nuevos y descentralizados, como el Bitcoin, de verdad universales e independientes de la autoridad de los bancos centrales. 

Como quiera, lo cierto es que una crisis financiera en un país genera temor y salidas de capitales de todo lo que huela a riesgo: bolsas de valores, bonos basura, materias primas, divisas emergentes como la lira turca o el peso mexicano, etc. Por eso ocurre su caída y esta especie de contagio. 

Ante el miedo de sufrir pérdidas, los inversores venden esos activos para comprar refugios más seguros como el dólar. 

Por esta razón volvimos a ver esta semana que el tipo de cambio rebasó los $19 pesos. 

Hasta el momento, México ha resistido bastante bien el nerviosismo internacional, primero, porque nuestro país no está muy expuesto de forma directa a Turquía, pero también porque hay optimismo aquí por la llegada de la nueva administración federal de López Obrador, y por las renegociaciones del TLCAN, que parece llegarán a buen puerto. Este optimismo ha servido como un contrapeso.

Sin embargo, lo pasa en Turquía es una buena ocasión para aprender en cabeza ajena lo que NO se debe hacer. 

¿Qué los llevó a la crisis? Son razones meramente INTERNAS, de fondo –y no culpa de los extranjeros o los especuladores–, como el haber deprimido las tasas de interés para impulsar las deudas y derrochado dinero para hacer crecer la economía, a un alto costo. 

Claro, con los grandes apoyos y subsidios otorgados, el déficit público y los desbalances con el exterior se dispararon. Las deudas que acumularon sobre todo en dólares, terminan volviéndose impagables en un ambiente de tasas de interés y tipo de cambio al alza. 

Esta historia se ha repetido mil veces alrededor del mundo, pero las lecciones no se aprenden. 

En total, el valor de la lira turca se ha desplomado hasta 50% este año, lo que significa que los ahorradores turcos perdieron casi la mitad de sus ahorros en unos meses. 

Tarde o temprano, el presidente Recep Tayyip Erdogan tendrá que doblar las manos y apretarse el cinturón, o la crisis no va a tocar fondo, hasta que lo haga. Una dura lección de la que hay que aprender. Cuando un gobierno se desboca en gastos y deuda, una crisis es inevitable. Hay que grabárselo.

Esto se lo digo, porque todavía no empieza el gobierno de López Obrador en México, pero ya hay indicios preocupantes como sus anuncios de construir obras faraónicas como el Tren Maya, y dedicar multimillonarios recursos a proyectos financiera y económicamente inviables como las nuevas refinerías o la siembra de 1 millón de hectáreas de árboles frutales y maderables.

Si las prioridades económicas estarán basadas en las opiniones subjetivas del próximo presidente, en vez de razones objetivas y económicas, será cuestión de tiempo para que una crisis propia nos alcance. 

Los amables lectores de esta columna estarán, como siempre, advertidos a tiempo de lo que venga, bueno y malo, pues cuando se toman malas decisiones desde el poder político, no queda más que actuar en consecuencia para protegerse, y sacarles provecho.


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