Pregón de la Feria Taurina de Tlaxcala (Segunda parte)


¡Que viva Tlaxcala, su feria, sus toros y sus toreros!

El costo histórico del origen de estos privilegios -derivados por la alianza con los españoles-, ha sido el estigma de la traición. Mito acrecentado por la necesidad de crear héroes cuyas historias construyeran una identidad distinta a la que realmente se había formado durante el virreinato. 

La Nueva España tenía que ser rechazada para buscar un nacionalismo nuevo, tenía que nacer un México entendido de una manera diferente, victimizando y elogiando a los indios y satanizando a los españoles como los villanos de una nueva historia y por supuesto a sus aliados en la conquista, los fieles tlaxcaltecas señalados como traidores a ¿Quién?, la única contestación posible es a su raza pero es claro que los mexicas eran sus enemigos. No hubo visión para ver la importancia del mestizaje no solo en lo racial, sino en la formación de un país: México y una nación: la mexicana.

Los tlaxcaltecas no traicionamos a nadie, somos base fundamental en la creación, desarrollo y devenir de lo que hoy es nuestra Patria. Que nunca se nos olvide. Fuimos nosotros los que caminamos todos los rincones de la tierra sin límites; trazamos caminos y fincamos pueblos, marcamos fronteras dándole un nuevo mapa al país, construyendo además el entramado social que hará posible dar forma a la nación.

Aquí en la iglesia del Convento de San Francisco se encuentra la primera Pila Bautismal del continente americano. En esa pila, fueron bautizados quienes formaban la nobleza de los señoríos tlaxcaltecas, además de todos los Macehualtzin que eran los integrantes del pueblo. Esta sociedad ahora cristianizada siguió viva. 

Se ha gobernado por sí misma hasta nuestros días, aceptando, interpretando y uniendo costumbres y tradiciones de una y otra cultura.

En un principio, el principal mercado del territorio tlaxcalteca era el de Ocotelulco. Más tarde fue trasladado por instrucciones del virrey Antonio de Mendoza a la plaza principal de la joven ciudad de Tlaxcala. El tianguis se llevaba a cabo cada sábado y es quizá el antecedente más antiguo de nuestra feria. Una feria es "un mercado de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados". 

En la época prehispánica, el tianguis era un mercado, la más de las veces ambulante y su éxito comercial en mucho se debía a creencias religiosas: las promesas de los dioses del mercado que aseguraban grandes y malos agüeros a los pueblos comarcanos que no concurrieran a los mismos. 

Como describe Fray Diego Durán: "....acudían de todas partes a los mercados, de dónde ha venido a quedar una extraña costumbre de acudir al tianguis antes que a misa. Son los mercados tan apetitosos y amables en esta nación, que acude a ellos y acudía en especial a las ferias señaladas, gran curso de gente como de todos es manifiesto. Paréceme que si a una india tianguera echa a cursar a los mercados le dicen: Mira hoy es tianguis en tal parte, ¿Cuál escogerás más ahora, irte desde aquí al cielo o ir al mercado?, sospecho que diría: déjeme primero ver el mercado, que luego iré al cielo". Por fe, los indios ya eran cristianos, sin embargo, la unión de las dos culturas tomaría más tiempo.

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