Promesas...


Desde vender un avión presidencial, construir un nuevo estadio, mochar las manos a los corruptos y hasta bajar el precio de la cerveza, pasando en el interín por un peculiar y basto arcoíris de promesas ilusas que no nos llevarán a obtener un mejor país, es como casi todos los candidatos a cualquier puesto de elección popular han mostrado su podredumbre mental, su falta de valores sociales, su escasez de principios morales, pero sobre todo, su falta de amor a una nación generosa y su falta de respeto a una población noble que en estos momentos requiere de auténticos líderes, titanes revolucionarios, verdaderos héroes visionarios y no de oportunistas y mucho menos, merolicos y charlatanes.

A lo largo de las cinco décadas que lleva sobre los hombros de la existencia a cuestas, el que esto escribe ha sido testigo de la evolución que ha registrado desde su nacencia la pujante democracia mexicana que, en manos de nuestros habilidosos y muy ladinos políticos, se ha convertido progresivamente en una chimuela y amañada farsa que en aras de una pluralidad incluyente, permite la creación epidémica de partidos, la coalición y alianzas camaleónicas de contrapunteadas ideologías, el saltarín comportamiento de los no elegidos militantes partidistas, el intercambio de simpatizantes cual si fueran barajitas y hasta el reciente "as" bajo la manga con la creación de la nueva figura del independentismo disfrazada de concesión o logro ciudadano y que hoy tristemente y conforme se van perfilando las tendencias, formarán parte no sólo importante, sino muy probablemente determinante, en los resultados finales de nuestros muy cacareados y aparentemente honestos y transparentes procesos electorales.

Pero debajo de todo este ostentoso mundo electoral en el entramado de instituciones, poderes, alianzas, figuras y políticas que dan vida y sustento a nuestra fantástica democracia, existe una "clase política" de hombres y mujeres por demás "voluntariosos" que nos ofrecen casi casi en sacrificio y de una manera por demás servil, su mejor rostro, su espacio, su tiempo y su dramatizada preocupación por nuestro futuro, nuestra seguridad y la de nuestros hijos, además de su supuesto y brillante talento para salvarnos del deterioro y olvido gubernamental intentando dirigir democráticamente y a la vez echarse a cuestas la difícil y complicada labor, casi de mártir, de administrar las siempre pobres arcas de nuestras comunidades.

Pero lo curioso de este escenario de ilógico sacrificio en busca del supuesto beneficio social es que existan tantos mexicanos y mexicanas que hayan sido dotados con esa aparente y abnegada vocación de servicio al prójimo y no hayan tomado el camino más corto, el más directo y más discreto para ofrecer la ayuda que tanto pregonan y brindar de una manera más simple, dándole de comer al hambriento, llevando el auxilio inmediato al más necesitado, o a través de las instituciones de servicios o programas sociales públicos o privados sin necesidad de una elección, un partido o una figura ciudadana independiente de por medio.

La poca claridad y confianza que se respira en la atmósfera política por los bajos niveles de credibilidad en los principios básicos de honestidad que en sus acciones y sus palabras reclama la sociedad a esta "clase política" de mexicanos, su falta de valores civiles, su probada escasez de principios morales para administrar la pobreza o riqueza de nuestros pueblos, hace que el ciudadano desconfíe a grado tal que, en esta evolución progresiva de la democracia, el hartazgo haya tomado su parte activa desplazando peligrosamente al abstencionismo pasivo, antiguo "coco" mediático pero moldeable fenómeno electoral, que antes con su sola, abultada y numérica existencia, ayudaba a completar las cuentas para "cuadrar" a favor del triunfador "democráticamente" elegido.

Sin embargo, lo cierto es que hoy, todos los candidatos ya inmersos en el proceso de campaña electoral, que más parece campaña de desprestigio y descrédito, al ciudadano común y corriente nos acomodan todos los días una soberana y descomunal "espotiza", a través de los anuncios en los que más que ofrecer propuestas viables y serias, exhiben sus populistas y mitoteras premisas milagrosas de sacar a la nación de la pobreza, acabar con la inseguridad y la corrupción en un solo día, darle sueldo a los "ninis" y una cantidad incalculable de sonseras anticorrupticidas más, además de aprovechar el espacio para mostrar los pecados y "las ramitas quebradas" de sus contrincantes en una guerra muy oscura que mancha las más elementales reglas de civilidad con las que debía de reinar el proceso electoral.

No obstante, en las reglas montadas y previamente establecidas por los propios partidos políticos en el aparato ejecutor con el que son vestidos de árbitro las instituciones electorales que regulan el proceso, sus creadores no midieron que más allá de la regulación institucional, cada elección, cada puesto en disputa será ocupado por los siempre imperfectos seres humanos que, en la mayoría de las veces, provienen de aquella clase de "voluntariosos y sacrificados" políticos mentirosos y oportunistas que, sin ser obligados por ninguna ley a cumplir lo que prometen, se dedican a echarle más sal a la herida y a lucrar con la necesidad de la gente al lanzar a diestra y siniestra, sus falsas y tontas promesas como unos auténticos merolicos y charlatanes, dejando expuesto a su paso su falta de sensibilidad y respeto hacia las necesidades más apremiantes de la sociedad, la poca seriedad al compromiso con la verdad y la podredumbre mental que, lamentablemente, les habita en la tatema.

Por hoy es todo amable lector, medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que el de hoy, sea para usted un reparador domingo. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de las más importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en "Crack" nos tendrá el próximo viernes en "Por los senderos taurinos" y aquí mismo dentro de ocho días.


Volver arriba