Monterrey
Diana Laura Arroyo
Silencio De Menta

El secreto que dejó de serlo

Cuando se sueña en grande

Protagonistas junto al árbol de Navidad


Están ahí, justo por donde se encuentra el pinito con luces y el nacimiento de Belén, entre las esferas y los listones, en fila, quietecitas y en silencio, esperando tranquilamente a ser anunciadas para hacer su flamante aparición. Suelen materializarse en diciembre, cuando por defecto hay mayor interacción y el porcentaje de encuentros familiares, comparados con el resto del año, es mayor. 

Casi pasan desapercibidas cuando inicia cualquier celebración. Los abrazos y saludos efusivos, los primeros atisbos de conversación y la frescura del encuentro que apenas comienza a tomar forma –aunque la mayoría ya sabe cómo inicia, avanza y culmina– son lo suficientemente estridentes que desvanecen cualquier intento de llamado a estas peculiares formas en espera.

Los minutos avanzan, los rituales navideños se realizan conforme a lo planeado, la euforia por el reconocimiento del otro ha pasado, dándole pie al silencio involuntario, que comienza a hacer de las suyas. Así que empiezan a tomar fuerza, volviéndose casi inevitables en un escenario en el que se encuentran amigos o familiares que por tradición suelen verse un par de veces al año.

Sientes cómo empiezan a ocupar mayor espacio entre los demás y tú, entre esos con quienes tienes en común algún recuerdo de la infancia o juventud, esos que te da tanto gusto ver aunque no tengas nada qué decir, que los une un lazo de sangre o una época que marcó tu vida. 

El sentido de familiaridad y la intención de interactuar un poco más hacen que, antes de que te des cuenta, traigas encima de la mesa a estas cautivadoras formas y lo sueltes de golpe. “¿Y piensas tener otro bebé?”, le preguntas a tu prima, quien, con las ojeras hasta el piso, sostiene en brazos a su primer hijo de algunos meses, y no le queda más que responder como puede a tu inocente cuestionamiento.

Las preguntas incómodas se vuelven el centro de la noche; de ser casi invisibles ahora bailan en medio de todos los invitados en una interacción que pocas veces hace consciencia del sinsabor que generan. Con un halo de inocencia, y, la mayoría de ellas, sin intención de ofender, estos intentos de conversación llegan más por inercia para sustituir silencios y tratar de conectar de la única forma que parece posible. 

¿Y si los “¿para cuándo el novio?”, “¿para cuándo la boda?”, “¿para cuándo el hijo?”, y “¿para cuándo el segundo”? se sustituyeran por un simple y genuino “¿y qué hay de nuevo?” ¿o similar? Quizá pueda ser la oportunidad perfecta para abordar a los demás con una nueva mirada y sea posible descubrir una nueva conversación en Navidad.

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