Protección vs. Sobreprotección


Cuando se trata de los hijos, cualquier padre o madre de familia se puede convertir en pantera con tal de protegerlos; no queremos que nada les pase, que nada los ponga tristes y mucho menos que algo los dañe. En nuestro afán de que nuestros retoños sean felices, somos capaces a literalmente quitarnos la comida de la boca e incluso ceder el control de la televisión con tal de que ese chapulín esté feliz.

Pero, ¿qué pasa cuando cruzamos esa delgada línea entre la protección y la sobreprotección, la cual impide que nuestros hijos desarrollen sus personalidades y le quita las herramientas necesarias para competir en su vida?

Como mamá puedo decir que me gusta mucho acompañarlos en esta etapa de desarrollo; me gusta y disfruto ver y escuchar cómo juegan; revisar sus tareas y su alimentación. Algunos me pueden decir ‘‘pues es tu chamba’’... y no lo veo así. En verdad, se sorprenderían de la cantidades de familias que no tiene la oportunidad de hacer y disfrutar estas tareas.

Volviendo a lo anterior, sí me gusta acompañarlos, pero también tengo que frenarme mucho en los impulsos de querer intervenir en cada decisión que tomen; es tan fácil decir NO, y punto. Cada vez que veo el proyecto parcial o la tarea, se me vienen a la mente mil maneras de hacerlas mejor, pero tengo que detenerme, pensar y respetar el tiempo de mis hijos . Los programas de televisión, la música, las películas, todo, TODO nos puede causar inquietud. Pero el tema aquí es la orientación y educación. Tendrán que enfrentar sus sanciones y consecuencias, y sí... en ocasiones es frustrante, pero es por un bien mayor.

De igual manera pasa con las amistades y su forma de relacionarse. Como adulto, hay un sexto sentido que te advierte de las posibles consecuencias de determinadas acciones, ya sea por experiencia propia o ajena: más sabe el diablo por viejo… Y volvemos a la inercia de querer rodear entre algodones a los chiquillos, pero de nuevo: ALTO: oriéntalo sobre el camino; enséñalo a observar, pensar y sobre todo preguntarse si aquella amistad o relación es conveniente.

Los niños deben aprender a convivir con niños de otras edades, y como parte de este aprendizaje, deben aprender a respetar a los demás, a ser pacientes y cuidadosos con los pequeños y hacer valer sus derechos si alguien mayor, menor o de la misma edad quiere pasar sobre ellos.

Hoy en día, los chavos son el doble de impulsivos que antes; son muy rápidos para tomar acciones, pero no para pensar decisiones, por esto tantos casos de bullying y ciberbullying; ven las cosas, en su cabecita suenan y parecen coherentes, pero no se preguntan el ‘‘¿y si…?’’.

Como padres, somos los principales formadores de nuestros hijos, pero también somos ese puente que los va a llevar a enfrentar la vida diaria y SU realidad. Hagamos puentes, enseñémosles el respeto, el valor que merece la vida de cada ser vivo, la prudencia en sus decisiones y acciones, y sobre todo vinculemos nuevos aprendizajes; no los encerremos en una jaula de oro donde no puedan ejercitar sus alas y aprender a volar.






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