¿Qué negocio pongo?


Buscar en donde es menos probable encontrar puede ser la forma correcta de buscar

LAS TARDES DE NIÑOS EN LOS 80
• La década en la que me tocó vivir una parte de mi niñez y una buena parte de mi adolescencia es una que ha sido reconocida como de grandes innovaciones en la tecnología, en la ciencia, o de cambios fundamentales en la realidad geopolítica. Los años 80 vieron como la Guerra Fría terminaba, o cómo el muro de Berlín se derrumbaba, también vieron los inicios de grandes y legendarios ídolos del rock y el pop en el terreno de la música que enarbolaban las banderas de la rebeldía y de la búsqueda de la justicia con tonos que rayaban en los excesos, en la excentricidad y el desenfreno, aunque hay que reconocer que con gran talento artístico y musical que no se ha vuelto a generar en las décadas subsecuentes.

• En ese entorno, la cultura de la ciudad en la que crecí, Monterrey, se manifestaba con tintes de modernidad pero aroma de pueblo grande. La confianza y la ingenuidad se reflejaba en las costumbres, no había la percepción de la inseguridad como ahora se vive, las calles se llenaban de niños que pasaban sus tardes en la cuadra, aprendiendo de la vida, de los juegos y los amigos.

• Por esos días acostumbraba volver del colegio después de viajar con otros compañeros y hermanos en al auto o tal vez luego de una caminata de 30 minutos para llegar a casa a comer, en familia, sin televisión ni mucho menos celulares, conversar y repartir los alimentos y, tal vez, discutir algún tópico polémico de moda. Tras ese ritual de mediodía el grupo familiar se desintegraba temporalmente, dando oportunidad a la actividad mas importante del día, y también la más divertida y retadora. 

• Tras tomar algunas herramientas para la ocasión –como un balón, unos guantes de portero o un par de muñecos de acción– emprendía el viaje a la aventura que esa tarde me esperaba en compañía de mis socios de vida que perseguían los mismos objetivos que yo y que todos los niños de aquella cuadra del Monterrey de los 80. 

• La tarea inicial era la más difícil para los que coincidíamos en aquel entorno, a veces de frío, a veces de intenso calor. Había que ponerse de acuerdo en la actividad que desempeñaríamos aquella tarde, era necesario decidir a qué jugaríamos. Los métodos para elegir eran más o menos los mismos, uno proponía una idea y los demás la aprobaban con unanimidad, salvo ocasiones excepcionales en donde la discusión se prolongaba por media tarde. 

• La meta era la misma, todos buscábamos divertirnos y pasar un buen rato en compañía de buenos amigos, o al menos compañeros. En el proceso habría oportunidad para aprender cosas nuevas, contar historias, tal vez burlarse o reírse y conocer un poco más del mundo. Aquellas tardes vieron grandes batallas en el futbol, con goles, sudor y golpes; vieron nacer y rodar por las calles empinadas los carros de roles más rápidos fabricados con desechos de las construcciones y talleres aledaños; también atestiguaron las expediciones mas prolíficas hacia los cerros que encerraban secretos y peligros que sorteábamos con pericia. No había muchas academias vespertinas para enseñar música, ortografía o alguna otra actividad. La escuela vespertina más efectiva estaba en la calle. Ahí desarrollamos la creatividad, la capacidad de organización, las habilidades de comunicación y de trabajo coordinado en equipo; aprendimos a tolerar, a resolver conflictos, a colaborar y a alcanzar resultados.

EMPRENDER
• La vocación del emprendedor se fundamenta en su ADN, en su personalidad y en la forma en la que sus sueños le motivan a esforzarse para convertirlos en realidad. Sin embargo, me he topado con emprendedores que quieren arrancar un negocio pero no están seguros de qué es lo que emprenderán. 

• A menudo centran sus reflexiones en los negocios que les brinden los mayores rendimientos e ingresos. Deambulan por los sitios de Internet y por las encuestas de mercado para tratar de encontrar la gran oportunidad que les permitirá, con el menor esfuerzo, lograr sus sueños y la libertad financiera tan anhelada. A ellos y a los que quieren emprender les digo que busquen en lo más profundo de su ser el origen de su propio llamado, que descubran lo que les hace vibrar, lo que les provoque felicidad, que les permita realizarse y conseguir la trascendencia y entonces lo pongan por encima de cualquier emprendimiento, de cualquier actividad que escojan y lo mantengan como condición para hacer lo que tengan que hacer. 

• El camino para ser feliz será entonces claro, aunque en ocasiones se presente sinuoso e inhóspito. Cuando recuerdo las tardes de mi niñez intento mantenerme cada día repitiendo aquella forma de vida que me hizo tan feliz y busco aplicarla en mis negocios y con quien coincido y colaboro. ¿Le encuentran sentido a estas ideas?

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