Monterrey
Guillermo Muñoz Diego
Un Regio En La Capital

La verdad científica de las sectas

¿Queremos un buen candidato o un buen presidente?


Andrés Manuel López Obrador, candidato por excelencia, conoce los dolores de la gente; Ricardo Anaya, prometedor futuro para el “chico maravilla”: diputado local, diputado federal, presidente del PAN y ahora candidato a la Presidencia; José Antonio Meade, poco carismático, obsesionado con las estadísticas y los números, no es un candidato nato.

Las elecciones de 2018 serán –así lo presiento– una de las contiendas más cerradas, rudas y controversiales. La continuidad del partido en el poder vendrá a un costo muy alto, después del cansancio de un gran sector de la población, de los bajos niveles de aprobación del Ejecutivo, así como de una serie de escándalos de corrupción en distintos gobernadores y alcaldes de todo el arcoíris partidista.

Del candidato sonriente, carismático, cercano a la gente, que en los mítines se pone el sombrero, toma mezcal y canta corridos –de ese candidato– no veo a José Antonio Meade. El candidato del PRI, acartonado, rígido, que en los mítines parece que está forzando al cuerpo para vivir las antiguas prácticas de los candidatos, así siento al candidato del PRI, un mal candidato, sin carisma, ni sazón mexicano. Pero, me pregunto: ¿queremos esa misma fórmula los mexicanos?, ¿debemos preocuparnos porque Meade sea un candidato con poco chiste?

En lo personal, no creo pensar que mi próximo presidente deba ser un buen candidato, mucho menos, el candidato por excelencia, el cruzazulino, eterno candidato, Andrés Manuel López Obrador. Tengo que pensar que quiero un buen presidente, no un buen candidato, me alegra ver cómo a Pepe Meade no le sale ser candidato, porque no merece ser candidato, debe ser un líder que, con su conocimiento y experiencia, pueda ofrecer una cara distinta del presidente de México: un tecnócrata preparado, cinco veces Secretario de Estado, doctor en Yale. Pepe Meade es el pésimo candidato que cuando le preguntan a qué se debe el aumento de gasolina, no responde con un mensaje populista, inspirador y evasivo, sino que responde “el precio de la molécula aumentó en un 4.87%, como lo hicieron los precios internacionales, no como lo afirma el candidato de Morena, no fue 7% sino 4.87% en términos reales, considerando el factor inflacionario y la nueva fórmula para calcular el IEPS” (por dar un ejemplo hipotético), ese candidato que no sabe ser el típico candidato, ofrece una formula distinta de dar la cara.

El temple, la prudencia, y el conocimiento técnico hacen de Pepe Meade el peor candidato a la Presidencia, pero lo convierten en la única fórmula distinta, capaz de enfrentar los retos de nuestra nación con experiencia, conocimiento, herramientas económicas, y no con populismo: anhelos y buenos deseos (como creo que sí hacen Anaya y AMLO).

Yo votaré por el peor candidato, esperando que los mexicanos vean no al partido que respalda a Meade, sino al hombre que ha podido trascender sexenios y colores, por lo que una vez más, podrá superar al color que lo detiene, para ver por el crecimiento y desarrollo de nuestra nación.


Sigue leyendo...
Volver arriba