Quiénes votan en Nuevo León


El 1 de julio podremos votar 3 millones 907,134 nuevoleoneses, de acuerdo con la lista nominal del INE; la teoría dice que abarrotaremos las urnas, pues elegiremos al presidente, senadores, diputados federales, alcaldes con sus ayuntamientos y diputados locales.

Según el dato más reciente del Inegi, somos 5 millones 119,504 habitantes; es decir, el 76.32% de los nuevoleoneses podemos elegir con voto directo donde lo mismo cuenta el sufragio de un encumbrado empresario, un académico galardonado, este opinador o un desempleado. Esa es la magia de la democracia, todos tenemos el mismo valor sin distingo de raza, sexo, credo, posición social o económica.

En las campañas, los estrategas consideran los factores demográficos para proyectar la campaña, además del lugar que ocupa el candidato en las encuestas o si es de oposición o de partido gobierno, entre otros elementos.

Los principales factores demográficos que se deben tomar en la planeación son: edad, sexo, grado académico y nivel socioeconómico, con estos datos el estratega puede microsegmentar las tácticas y las acciones electorales.

En Nuevo León, muchos candidatos enfocan su promoción en los jóvenes, porque se considera el segmento mayoritario de los electores, veamos la realidad. Consideremos jóvenes a los electores de 18 a 29 años, los mayores a esta edad serán chabelos o adultecentes, pero no jóvenes.

En el segmento de los jóvenes se concentra el 28.39% de los electores de Nuevo León. De ellos, el 2.23% (87,116) tienen 18 años; el 2.34% (91,560) tienen 19 años y entre 20 y 29 años suman el 23.82% (931,080) de los electores totales; más de 1 millón 109,200 votantes potenciales.

Este segmento no define la elección a favor o contra de un candidato en la entidad, menos si estimamos que son el sector poblacional con más ausentismo en las urnas, basta recordar que en 2015 solamente votó el 50% de los jóvenes.

El segundo segmento a considerar es el de adultos en edad productiva, electores entre 30 y 59 años de edad. Los que deben trabajar diario, quienes se ven afectados ampliamente por factores como carestía de vida, intereses hipotecarios, intereses de tarjetas de crédito, costos de colegiaturas; en una palabra, son quienes están en condiciones de jefes de familia con dependientes menores y construyendo un patrimonio.

En este rango se encuentra el 55.85% de los electores (2 millones 182,134). Aquí se concentran más de la mitad de los electores potenciales, su capacidad de decisión es mayor, además que el interés por la cosa pública aumenta por su nivel de compromiso familiar y social.

El tercer agrupamiento por edad es el de adultos mayores con 60 o más años, aquí se ubica el 15.76% de los electores (615,764). Este es el grupo minoritario entre la segmentación.

Por otro lado, el 70% de los electores somos nacidos en Nuevo León, lo que reduce el rasgo cultural como factor electoral a sólo el 30% de los votantes, siendo San Luis Potosí el estado de origen que más electores tiene entre los nuevoleoneses, seguido por Tamaulipas y Veracruz.

Con esta información se puede elaborar una estrategia segmentada que permita el mensaje focalizado a cada población objetivo con temáticas específicas y propuestas concretas.

En otro aspecto, sólo como un dato de aporte al proceso electoral, señalamos que, de 1988 a este año 2018, la lista nominal de Nuevo León pasó de 1 millón 338,130 electores a 3 millones 907,134. Un crecimiento del 292% en un lapso de 30 años.

Del mismo modo que creció el número de electores, la participación ha aumentado, pareciera que mejora la cultura democrática. En 1988 la votación alcanzó el 33.32% de participación. La elección presidencial de 1994 fue la más copiosa, con el 75.23% de votación; seguida por la de 1997, con el 63.64% de participación. 

Durante las elecciones del Siglo XXI, la participación no ha alcanzado el 60% de asistentes a las urnas, ni en 2015, cuando el fenómeno electoral independiente de Jaime Rodríguez Calderón generó expectativas.

El reto es lograr que cambie la estadística: que los jóvenes sean determinantes en el rumbo de las elecciones, que rompamos la barrera del 75.23% de 1994 y tengamos un presidente legitimado, como hace muchos comicios no sucede. 


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