Reality show electoral


‘‘Sólo podremos darle vuelta a nuestro país si elevamos al cuerpo de cristo sobre nosotros’’

Ted Cruz (1970- ) Candidato por el Partido Republicano


Los debates preelectorales definen la personalidad política de los candidatos, ya que estos aprovechan el poder emotivo que les confiere la televisión para ‘conquistar’ al público.

Por eso es muy raro que los candidatos profundicen en ideología y temas con sustancia. Saben que el televidente inconscientemente busca identificarse con quien ofrezca liderazgo, y por eso es que priorizan la actuación y el manejo del lenguaje corporal.

En este sentido, lo que importa son los valores que supuestamente representan, así como otras habilidades personales que puedan llamar la atención. Esto perfila al candidato de acuerdo a las características que proyecta. En ese sentido los ataques y las descalificaciones personales son comunes, ya que demuestran al televidente que se tiene el potencial para resolver cualquier problema.

Dicho de otra forma, el debate político en la era de comunicación de masas ya no es un medio, si no un fin en sí mismo. Por eso es que los candidatos cuidan tanto sus maneras durante sus apariciones. Saben que un error puede costarles la elección.

En cuanto al análisis especifico de cada ‘semifinal’ se antoja interesante resaltar la estrategia de Bernie Sanders contra Hillary Clinton. Llama la atención el énfasis que Bernie ha puesto sobre la cercanía de Clinton con Wall Street. Es de dominio público que exsecretaria de Estado ha recibido mucho dinero de la aristocracia financiera trasnacional basada en Nueva York. De hecho, muchas de sus recientes y multimillonarias ganancias provienen de honorarios pagados por la banca, como producto de consultorías y conferencias varias.

Esta acusación de Bernie es fundamental, dado que su postura crítica se centra en la fractura sistémica más determinante de los últimos tiempos, la del sector financiero.
Después esta el reproche de la política exterior de Hillary Clinton, específicamente en su cercana relación con Henry Kissinger. Para muchos este exsecretario de Estado debería estar pagando con la cárcel sus excesos intervencionistas del pasado.

Ambas críticas estimado lector, tienen la intención de remover el enojo y demás emociones acumuladas en el espectador, con ello buscando influir en sus preferencias electorales.

Por el lado republicano todo pinta para que la otra ‘semifinal’ electoral enfrentará a Donald Trump y Ted Cruz, candidatos que se han estado dando con todo durante las últimas semanas.

Donald Trump se ha movido un poco hacia el centro para tratar de convencer a los votantes indecisos de su partido. Sin embargo, mucho de este ‘centro’ realmente es más pragmatismo histrión que ideología, actitud muy dominada por el magnate de la construcción.

Eso sí, su postura ante el terrorismo y la beligerancia de la nación no se ha modificado mucho. Trump no parece avergonzarse de sus comentarios en defensa de la tortura, y de como la reforzará si lo considera necesario para conseguir lo que quiere.

Por su lado Ted Cruz está abusando del conservadurismo religioso en sus comentarios, imagino que porque cree que le traerá más seguidores. En pocas palabras, Cruz sigue un camino similar al del expresidente George W. Bush, en cuanto a la difusión de ciertos valores y una moralidad pública inspirada en el cristianismo.

Trump no pierde el tiempo con eso, sino que se enfoca más en lo que considera le urge a la nación, como lo es una economía poderosa y una política exterior más firme. En lo que no profundiza es en el cómo, ya que como sabemos, la crisis actual de los EUA se fue gestando gradualmente, como efecto múltiple de los excesos en la representación popular y el intervencionismo exterior.

Parece que la ‘final’ hacia la presidencia tendrá por un lado al reformador Bernie Sanders y al ‘animador’ Donald Trump por el otro.

Bienvenidos al reality show de los debates televisivos de EUA.

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