Reculando


El Bronco se quitó la piel de oveja y mostró al lobo que lleva dentro y que está aborrecido, desprestigiado y exhibido por la corrupción, por las mentiras y por la insensibilidad de su gobierno. Ya que no hay campaña electoral y no tiene que seducir electoralmente a nadie, ni quedar bien con los ciudadanos, ni decirles cosas bonitas al oído, este personaje (de alguna manera hay que llamarlo) mostró su vocación de cobros, de recaudador, de voraz, y le da una patada a la sociedad. 

Llegó el tiempo de pagar favores políticos y ahora se quiere congraciar con los empresarios que mueven gran parte del transporte, como las rutas urbanas, los taxis (en su mayoría manejados por razones sociales y sindicatos) y la Ecovía (con todo y la farsa de la requisa) consiguiéndoles alzas tarifarias, para que cobren más por lo mismo o incluso por algo que es de peor calidad.  

Y por lo que hace al servicio que presta el gobierno, es decir el Metro, esta es la oportunidad de aprovecharse de los ciudadanos y cobrarles más para tener un guardadito  (le llaman cochinito o cochinote) y reponer lo que gastó en su fallida campaña electoral por la presidencia. Después de todo, en sus 35 años de militancia en el PRI Jaime aprendió mucho de lo que sus amigos como Mario Guerrero, exdirector del Metro, hacían: saquear las finanzas de ese sistema, ordeñando de manera muy burda la morralla en las terminales de pago.

Los nuevoleoneses tenemos bien presente que por la negligencia de Jaime no se terminó la Línea 3 del Metro. Eso fue porque, ya peleado con la Federación y sin negociadores en el Congreso de la Unión, en los casi tres años que lleva de gestión estatal él no le dio seguimiento a los compromisos que la administración federal contrajo y no gestionó recursos para ese fin en los presupuestos. 

Ahora, sin recato y con el mayor descaro, propone elevar los cobros en el transporte pese a que en sus campañas (primero  por la gubernatura y luego por la presidencia) ofreció que no habría mayores cargas para los ciudadanos.

En este próximo mes de octubre, una vez que rinda su tercer informe de gobierno, Jaime debe pedir licencia al Congreso: desprestigiado, sin apoyo popular y sin operadores en las legislaturas federal y estatal y sin tener el consenso con los empresarios,  ya no tiene margen de maniobra.  Tampoco tendrá recursos en las arcas oficiales. Menos debe permanecer si lo que lo caracteriza es la corrupción, la negligencia, la falta de oficio político, el desparpajo y la chambonería. Y así no se puede gobernar. Apestado, va para atrás, de mal en peor, reculando. Y eso no se lo merece Nuevo León.


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