Reglas de tránsito y los desafíos


Todavía es muy pronto para conocer los efectos del nuevo reglamento de tránsito homologado en el área metropolitana, pero de lo que sí se puede dar fe es que llevará tiempo corregir los vicios de muchos conductores en la vía pública.

Para empezar, distintos sondeos realizados en la ciudad dan cuenta que la mayoría de los ciudadanos no sabe de qué le están hablando cuando le mencionan lo de la homologación del reglamento.

El desconocimiento puede que resulte lógico si se lo mide desde la poca difusión que existe sobre el tema, pero también es natural el poco interés que, históricamente, han tenido y tienen los automovilistas y peatones sobre las reglas en las calles y avenidas metropolitanas.

Llamó la atención de este Vigía una breve encuesta donde ningún entrevistado supo responder preguntas básicas sobre cuestiones viales, entre ellas, a qué velocidad se debe circular en zona escolar o sobre qué está prohibido hacer mientras uno conduce. Algunos dijeron “leer”, y hasta hubo quien dijo que no se podía “comer”. Es curioso que nadie hizo referencia al celular.

También, cuando se le advirtió a un chofer de un camión sobre que no podía hablar por teléfono mientras conducía, éste subestimó la sugerencia. Igual lo hizo un peatón cuando se le dijo que utilizara los puentes para cruzar una avenida y no especular con el tráfico para hacerlo.

Esta simple foto sobre la desobediencia a las reglas que existe en la vía pública nos confirma que la ley siempre estará más asociada al castigo que a la prevención y que, desafortunadamente, es poco probable que se logren modificar ciertos patrones culturales dónde, además, se sabe que la “mordida” es una solución efectiva.

Creemos que el que el nuevo reglamento de tránsito homologado alcance sus propósitos dependerá de muchos factores. De entrada, dependerá de una mayor concientización de los conductores y de agentes de Tránsito inmunes al “moche”.

Las autoridades también necesitan estar sobre el tema sin descuidar los detalles ni tirarse a la hamaca, como muchas veces sucede, a la espera de que el reglamento en el papel haga su trabajo.

Apenas un compromiso más integral ayudará a cambiar los vicios que se ven y los ocultos, esos que se traducen en actos de corrupción para “saldar” los pecados viales con una simbólica “cuota” antes de que se convierta en una fuerte sanción.

Quizás hoy lo que más preocupan son los ebrios al volante y el ‘texteo’, que es una debilidad que abraza al 80% de los conductores regiomontanos.

Y por lo mismo, no estaría mal intensificar las campañas y recordarles a los automovilistas que contestar una llamada o fijar la vista en un celular incrementa en un 400% la posibilidad de sufrir un accidente.

Tampoco se vería mal hacer un mayor esfuerzo municipal y reforzar el universo de agentes de tránsito, capacitarlos y premiarlos por objetivo cumplido, antes de que sean tentados por los “premios” que le ofrecen en las calles.

Ojalá se puedan lograr muchas de las metas que las autoridades buscan con el nuevo reglamento homologado, aunque está claro que armar una ley, por más rigurosa que sea y optimismo que genere, siempre será mucho más sencillo que implementarla, y eso se está percibiendo.