Sabrá Dios


Una de las muchas cosas que se han declarado antes de la ronda iniciada ayer en Canadá para determinar el futuro del TLC norteamericano, es que a Estados Unidos, a su gobierno, no le corre prisa por terminar estas discusiones, así se tomen todo el año en curso. Desde luego, está en camino a la cumbre del dinero de la villa suiza de Davos del señor Donald Trump. 

Y debo estar loco para atormentarme sin haber razón, pero este señor se las trae con eso de las sorpresas y los trucos escénicos; el foro mundial de Davos es un excelente escenario para soltarnos una sorpresita del tamaño del arancel del 25% para las lavadoras de ropa que les vendemos al mercado de su país, impuesto precisamente el día anterior de que iniciara la ronda de negociaciones canadiense.

Pero aún si fuera una especulación, el dicho tiene cierta miga.

Dentro de cinco meses y una semana México estará viviendo las elecciones más tensas y trascendentes de su historia política: después de las elecciones del primer domingo de julio, México ya no será el mismo.

A propósito de estos comicios, algún ocurrente soltó el borrego informativo de que el gobierno de la Federación Rusa estaba sumamente interesado en las elecciones de nuestro país, principalmente sobre el ganador del puesto de Presidente. Nadie puede, desde luego, documentar esa supuesta inquietud. Lo que sí es muy posible intuir es que el gobierno de Estados Unidos sí está mirando con inquietud el proceso político mexicano. 

El primero de diciembre México tendrá un nuevo Presidente de la República y un nuevo gobierno. No solamente eso: tendrá también un nuevo Congreso, que es precisamente el organismo encargado de estudiar y aprobar o rechazar, en su caso, el TLC de marras. Al presidente Trump no le puede ser indiferente quién será nuestro nuevo jefe del Ejecutivo. Será él con quien tendrá que continuar las negociaciones incómodas por el momento, indeseables a futuro, porque el actual Presidente y el actual gobierno ya van de salida.

Los tres principales aspirantes a la silla presidencial mexicana han sido muy parcos, extremadamente prudentes, evitando un pronunciamiento claro sobre el Tratado de Libre Comercio y las relaciones con Estados Unidos. Solamente Andrés Manuel López Obrador ha aventurado que, si llega a la Presidencia, su trato con Donald Trump será de respeto, pero que reclamará reciprocidad en ese tipo de trato. Parecería que falta mucho tiempo para que esos cinco meses y una semana transcurran. Pero más allá del plazo perentorio, está la realidad de que muchos de los que hoy se dicen indecisos sobre quien será el beneficiario de sus votos, modificarían ciertamente sus preferencias si los candidatos presidenciales se pronunciaran con claridad sobre este crucial tema.

Para el caso, sería muy conveniente que en otros asuntos de primer orden tuviéramos claras las intenciones de los candidatos.

PILÓN.- Ya no es el mismo Mauricio Fernández de antes, allá en Monterrey. Después de todo, ahora quiere ser alcalde de San Pedro Garza García, el municipio más rico del país, nuevamente. Por cuarta ocasión. En el camino a ese designio se atraviesa una crisis interna de su partido político, que viene en oleadas desde la capital, pero que se ha intensificado recientemente. La intención de Mauricio de colocar su reliquia artística y religiosa en un terreno expropiado al municipio es solamente un telón de fondo. 


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