Sacramento de la Nueva Alianza


Esta semana la Iglesia celebró la solemnidad del Corpus Christi. Hablar del Corpus Christi es hablar de la alianza de Dios con los hombres. Esta alianza nace del amor siempre fiel de Dios y atraviesa toda la historia de la salvación. 

Sin embargo, esto no era sino figura de la nueva alianza que encuentra en Cristo su culminación como sacerdote de los bienes futuros quien ya no ofrece sacrificios y sangre de animales, sino su propia sangre. En la última cena Cristo anticipa sacramentalmente su oblación, y establece, por medio de su cuerpo y de su sangre, la Nueva Alianza, la definitiva, aquella que nos da la plena revelación del rostro misericordioso de Dios y la salvación del género humano. 

No deformemos el sentido Eucarístico en un sentido social. 

La Eucaristía es hacer una experiencia de encontrarnos con Dios. 

Nos conviene recordar de manera muy sencilla lo que es la Eucaristía: ¿Qué es la Eucaristía? La Eucaristía es uno de los siete Sacramentos. Actualizamos el momento en el que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. 

Éste es el alimento del alma. Así como nuestro cuerpo necesita comer para vivir, nuestra alma necesita comulgar para estar sana. Cristo dijo: "El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día." ¿En qué nos ayuda la Eucaristía? Todos queremos ser buenos, ser santos y nos damos cuenta que el camino de la santidad no es fácil, que no bastan nuestras fuerzas humanas para lograrlo. Necesitamos fuerza divina, de Jesús. Esto sólo será posible con la Eucaristía. 

Al comulgar, nos podemos sentir otros, ya que Cristo va a vivir en nosotros. Podremos decir, con San Pablo: "Vivo yo, pero ya no soy yo, sino Cristo quien vive en mí." ¿En qué parte de la Misa se realiza la Eucaristía?  Después de rezar el Credo, se llevan a cabo: el ofertorio, la consagración y la comunión. 

Ofertorio: Es el momento en que el sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino que serán convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Nosotros podemos ofrecer, con mucho amor, toda nuestra vida a Dios en esta parte de la Misa. 

Consagración: Es el momento de la Misa en que Dios, a través del sacerdote, convierte el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. En este momento nos arrodillamos como señal de amor y adoración a Jesús, Dios hecho hombre, que se hace presente en la Eucaristía. 

Comunión: Es recibir a Cristo Eucaristía en nuestra alma, lo que produce ciertos efectos en nosotros: nos une a Cristo y a su Iglesia, une a los cristianos entre sí, alimenta nuestra alma, aumenta en nosotros la vida de gracia y la amistad con Dios, perdona los pecados veniales, nos fortalece para resistir la tentación y no cometer pecado mortal. ¿Qué condiciones pone la Iglesia para poder comulgar? La Iglesia nos pide dos condiciones para recibir la comunión: Estar en gracia, con nuestra alma limpia de todo pecado mortal. 

Cumplir el ayuno eucarístico: no comer nada una hora antes de comulgar. ¿Cada cuánto puedo recibir la Comunión Sacramental? La Iglesia recomienda recibir la Comunión siempre que vayamos a Misa. Es obligación recibir la Comunión, al menos, una vez al año en el tiempo de Pascua, que son los 50 días comprendidos entre el Domingo de Resurrección y el Domingo de Pentecostés. ¿Qué hacer después de comulgar? Se recomienda aprovechar la oportunidad para platicarle a Dios, nuestro Señor, todo lo que queramos: lo que nos alegra, lo que nos preocupa; darle gracias por todo lo bueno que nos ha dado; decirle lo mucho que lo amamos y que queremos cumplir con su voluntad; pedirle que nos ayude a nosotros y a todos los hombres; ofrecerle cada acto que hagamos en nuestra vida. ¿Qué hacer cuando no se puede ir a comulgar? Se puede llevar a cabo una comunión espiritual. 

Esto es recibir a Jesús en tu alma, rezando la siguiente oración: "Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. 

Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti. Amén" Propongamos a nuestras familias, a propósito de esta santa solemnidad, la comunión frecuente, como medio insustituible de vida cristiana y amistad con Cristo. Allí encontrarán al incomparable amigo de sus almas que los ayudará a vivir y a sufrir en esta vida, sin jamás perder la esperanza. Luchemos con los excesos materiales y centremos el corazón y los sentidos en Jesús, que baja del cielo a encontrarse con nosotros. Ojalá que nos centremos en lo importante de la Eucaristía, alejándonos del ambiente desacralizador y materialista de tanto evento social como primeras comuniones, en las que le hemos dado más importancia a otras cosas que a la comunión misma...Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.


Volver arriba