Se hace camino al andar


Hay muchas propuestas sobre la importancia de planear lo que se emprende, ellas generadas por los que han vivido, los que se dedican a emprender o enseñarle a otros a cómo hacerlo bien, por los filósofos o los gurús de negocios, padres de metodologías más o menos científicas que son consultadas por curiosos o necesitados de resultados en sus organizaciones, y que a veces toman forma de moda pasajera que vuelve como los relojes ochenteros de pantalla de cristal líquido monocromático y hasta de teclado de calculadora o los tenis Converse.

• Particularmente incómodos, que ahora vuelven a colorear las banquetas y los pisos de nuestras ciudades y que cubren los pies de niños, jóvenes y adultos nostálgicos.

• En mi opinión en ese tema, el de la planeación, ha evolucionado como espero haberlo hecho yo, al menos en el sentido intelectual y no esencial.

• Cuando era purista pensaba que la planeación era un requisito “sine qua non”, debía emprenderse ninguna organización, proyecto o viaje de vida o entre sitios, la escuela y los gurús los recomendaron así en las horas de cátedra y estudio. Hoy estoy más lejos de aquella idea que se ve cada vez más distante, como muchas que tenía cuando la vida sumaba menos kilómetros recorridos.

• Después conocí otras posturas en el otro extremo que decían lo que Nike tuvo como eslogan tanto tiempo “Just Do It”. Así es que Jason Fried, emprendedor que plasmó su experiencia de haber fundado “37 signals” –ahora “Basecamp”– en su libro “Rework” en el que se refiere a la idea de no planear sino simplemente hacer lo que se tiene que hacer de acuerdo a las aptitudes propias y las necesidades del mercado.

• Detrás de los pretextos y los miedos están las oportunidades, los éxitos y el dinero, el no saber cómo planear y no hacerlo es la defensa y el pretexto más fundamentado y elegante para no saltar hacia la incertidumbre que embriaga a los aventureros y les distingue de los que nunca pierden más que la vida propia, convirtiéndose en espectadores que sufren y gozan la experiencia de los actores que se muestran ante sus ojos atónitos y complacientes. Hace muy poco recibí de una colaboradora una frase que me envió envuelta en la forma de un “meme” de esos que sirven para encapsular ideas, conceptos y emociones usando textos, fotogramas y ediciones de Photoshop.

• El contenido era un texto que se leía por encima de una fotografía de una persona sentada en la orilla de un precipicio, contrastada por el sol naciente en el horizonte y que decía algo así como “Un emprendedor es aquel que se tira al precipicio y en el camino construye un avión”. Debo aceptar que la frase me gustó mucho al punto de hacerme reflexionar evocando la canción aquella de Como hemos cambiado, movido tal vez por la nostalgia pero todavía más por mi quehacer actual.

• Eso me llevó a pensar que los planes son necesarios y tienen su valor pero que es muy importante no olvidar que son solamente el mapa y no el territorio. 

• Esta semana entendí que hacer es más poderoso que solamente pensar en hacer y planear; lo comprendí usando las manos para construir modelos tangibles usando la metodología LEGO SERIOUS PLAY durante el taller de certificación que me convirtió en facilitador con la guía de Per Kristiansen, coautor de este concepto y sus métodos. Mi conclusión es que la planeación es sólo la mitad del camino y que privilegiar el hacer con cierta guía preparándonos siempre para la realidad tirana y divertida nos hará llegar a puertos reales, con resultados y experiencias suficientes para clamar con certeza que el destino era el viaje aunque no lo supiéramos al iniciarlo.

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