IrreverenteMonterrey
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Y quienes nos la vivimos en el cerro, ¿qué código postal tenemos, eh?

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Sopa de sapo es la del día

¿Para qué le dices al enemigo por dónde le vas a pegar?

Tres cosas se necesitan en una elección: decisión, decisión y decisión

El nuevo dueño del tendajo va a echarlo todo para abajo

Se insultan públicamente, y comen juntos en privado


¿Se acuerdan de las cocas chiquitas? Ésas, las primeras que salieron al mercado, de 192 mililitros. Bueno, pues yo también tenía mucho tiempo de no verlas, hasta el sábado pasado que me paré a comer en un lugar que se llama "La Fonda del Camino", a la orilla de la carretera que va de Querétaro al aeropuerto de esta ciudad. 

La segunda sorpresa –después de la primera, que resultó toparme con esa reliquia– fue el precio al que me la recetaron: $47 pesos. Cuando vi esto en el menú, le comenté al mesero en el habitual tono mordaz, irónico e irreverente que para estos casos suele usar la Gaby: "n´ombre, ni que me fuera a tomar la caja entera". Pero bueno, ya estaba ahí y como hacía hambre, no quedó de otra más que apechugar.

El mejor platillo no fue el que pedí, sino la suculenta y reveladora charla que me eché con dos de los meseros, cuyos detalles, en seguida les platico:

Resulta que uno de los dueños de este lugar es Enrique Burgos, exgobernador queretano, diputado varias veces, alcalde una vez de San Juan del Río, actualmente senador plurinominal por el PRI, notario público número 3, y no sé qué tantos puestos más ha ordeñado de la ubre presupuestal del gobierno.

Sabiendo de su estatura, bromeando le dije a uno de los meseros: "Ah, con razón venden aquí puras cocas chiquitas". Es que el tal Burgos, si llega al 1.50 m, es mucho. 

La fonda, que de eso ocupa el puro nombre porque la equiparon con toda la mano, tiene otro socio de apellidos Fernández De Cevallos; el famoso jefe Diego del PAN.

¿Cómo? ¿El PRI y el PAN también revueltos? Ahora resulta que no nada más el PRI y Morena se revuelcan juntos para tumbarle a los panistas las alcaldías de Monterrey y Guadalupe. "¿Pues qué batidero es éste?", se preguntaría la Gaby.

"Son rete amigos, se hicieron socios desde que empezaron en la política y deje usted este lugar, son dueños de un montón de negocios por todo Querétaro. Con decirle que hasta en Celaya tienen", me dijo muy claridoso el mesero 1, cuyo nombre no menciono, porque capaz de que lo corren.

Entonces vino la pregunta obligada para medirle la profundidad al charco: "¿y sus diferencias políticas no les impiden hacer dinero juntos?".

La respuesta del mesero 2 fue directa: "pues a lo mejor por encimita sí son diferentes, pero por debajo, hasta compadres salieron; al fin políticos. La gente ve cómo se tiran hasta con la cubeta en lo público, pero por debajito de la mesa, ahí andan bien abrazados".

Lo que podría ser una anécdota, es más que eso, porque conociendo los entretelones de la mentada "Fonda del Camino", resulta que la clase política –salvo honrosas excepciones– se caracteriza por aparentar a la luz pública, algo muy distinto a lo que en lo oscurito mueve sus reales intenciones.

Cuánto se han de reír los dos personajes, cuando en alguna de las mesas de este lugar habrán comentado la ferocidad con que los seguidores de uno, se le tiran a la yugular de los del otro.

De rivales, adversarios o enemigos, el PRI y el PAN tienen nada más sus logos y colores. Públicamente y por todos los medios a su alcance, Fernández de Cevallos fue de los más ácidos críticos de la administración de Burgos, cuando éste último fue gobernador de Querétaro e incluso cuando era alcalde de San Juan del Río.

El jefe Diego llenó los periódicos y los espacios de radio y televisión de diatribas en contra de quien le ganó las dos elecciones a sus pupilos blanquiazules hace algunos años. 

En su defensa, y también públicamente, Burgos acusó al líder panista de usar sus influencias para apropiarse de tierras de pequeños agricultores de la comarca e incluso de predios ejidales y propiedades urbanas. Muchos le atribuyen el libelo que circuló por todo Querétaro, acusando al jefe Diego de haberse auto-secuestrado como parte de una maniobra para hacerse la víctima, zafarse del fisco y de una bronca de herencias que traía con su propia familia.

Entonces, ante la opinión pública, de ratas no se bajan mutuamente, pero en lo privado, sus fortunas se entretejen y a juzgar por lo que comentaron los bien informados meseros, sus negocios alcanzaron ya para sus descendientes. 

"Oiga, ¿y sus patrones, nunca han tenido algún encontronazo en lo privado, o siempre se llevan así de bien como los pintan ustedes? Le pregunté a uno de mis interlocutores, quien de bote pronto respondió: "No crea, sí tienen sus diferencias. Aquí mismo se han peleado. Una noche recuerdo que les escuché discutir en la mesa donde siempre se sientan. Don Enrique le decía algo así como que siempre tenía que andarle repitiendo las cosas. Y don Diego bien enojado le respondió esa vez: mira, a mí me tienes que repetir las cosas porque estoy medio sordo, pero yo a ti te las tengo que estar diciendo una y otra vez porque eres un tontejo entero, porque no entiendes".

Con razón, por eso en la política no existe lo perfecto, nada más lo posible.

CAJÓN DE SASTRE

La estatura moral de los que por debajo de la mesa hacen negocio con quienes se insultan por arriba, es más chiquita que las cocas que venden en la fonda de Enrique y Diego. 

placido.garza@gmail.com


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