Seamos libres como María


María, con su ejemplo y maternal ayuda nos acompaña muy de cerca en nuestra vida. María acoge con absoluta disponibilidad los designios de Dios para su vida, y su palabra no fue primero "sí" y luego "no"; nunca consintió que la duda horadara su incondicional entrega al Señor. Vivió en la fe, en la confianza y en el amor a Dios los incomprensibles planes de la providencia y su martirio incruento al pie de la cruz. 

La libertad con la que vive es fruto de su encuentro con la autenticidad, con la verdad y no con la mentira y la corrupción. La vida de María es una vida libre y entera porque es auténtica y llena de luz. El ser humano ha nacido para la libertad. Es libre y quiere ser soberanamente libre. 

La libertad es su elección, su gloria y su riesgo. Porque el buen uso de la libertad no es empresa fácil. Para ejercer bien nuestra libertad, Dios nos ha dado un mapa de ruta: la ley natural, la revelación y sobre todo el Evangelio. En seguir o no este mapa de ruta el hombre se juega su destino, su eternidad. 

Existe la libertad de todo aquello que nos impide realizarnos como personas e hijos de Dios, y existe la libertad para adherirnos siempre a la verdad y al bien. En María encontramos un modelo de quien usa la libertad para vivir los designios de Dios, para ejercitarse tenazmente en la virtud, para iluminar con su vida la vida de los demás. Libertad y verdad caminan juntas en el corazón de la doncella de Israel. 1. María nos acompaña. María ha seguido libremente y con perfección la ruta marcada por Dios. 

Por eso, puede acompañarnos en nuestro camino, mostrarnos la ruta; podemos fiarnos de Ella. 

Ella, en efecto, ya conoce ese camino, lo ha recorrido con extraordinaria fidelidad, sin salirse ni un momento de él. Ella nos puede señalar los momentos de peligro, animarnos en las cuestas arriba, compartir nuestra alegría cuando el camino es ligero y nuestra lucha cuando se presenta la dificultad. Ella nos acompaña para que a su lado aprendamos también nosotros a caminar en la fidelidad y a acompañar a los demás en su marcha por la vida. El ejemplo de libertad de María nos abre el horizonte al amor, a las relaciones humanas limpias y hermosas, ajenas a compromisos torcidos y cimentadas en libertad y verdad. 2. Aceptar los designios de Dios. María aceptó los planes de Dios sin indecisiones, como se acepta un axioma o una evidencia. Y sobre todo los puso libre y amorosamente en práctica. 

Ejerzamos nuestra libertad con María y como ella. Al igual que para María, el plan de Dios para nosotros es muy concreto: el estado actual de vida; la vivencia generosa y ser fiel en la vocación cristiana al matrimonio o la consagración. Siguiendo el ejemplo de María, aceptemos con libertad y digamos sí, día tras día, a ese plan amoroso de Dios. Meditémoslo con sencilla fe para adherirnos más y mejor a él. 

Admiremos los planes divinos que ordenan todo a nuestro bien, incluso cuando nuestra mirada no es capaz de percibirlo, por un cambio inesperado o una enfermedad sorpresa, o nuestra inteligencia está ofuscada por signos contrarios. María vive en libertad su vida y su opción, no le importa la opinión social ni pública, es la mujer libre de todo y de todos. 3. Vivió en la fe y en el amor. 

La fe y el amor son los dos guardaespaldas de nuestra verdadera libertad. Creo en Dios y en su misterio, creo en sus designios, y por ello me siento soberanamente libre y sostenido por el mismo Dios para optar por su voluntad en libertad. 

Amo a Dios, amo su voluntad, y ese amor libera mi alma de toda cadena para volar por los espacios de la libertad. Por tanto, cree, confía, ama, y serás verdaderamente libre; usarás bien de tu libertad; sujetarás tu libertad libremente a las leyes del bien y de la verdad. La verdad -dice Jesús- los hará libres. 

Tus cadenas no están en tu camino, sino dentro de ti mismo. ¿A quién mirar como modelo, sino a Jesús, el hombre más libre y liberador de la historia? ¿A quién mirar, sino a María, nacida del corazón de Dios para ejercer con perfección la libertad para el bien y la verdad? María es la mujer que nos enseña a caminar con libertad.

 4. Iniciemos el año con María. Contempla la figura de María que te ayudará a recorrer este nuevo año con aire de libertad. Más eficaz que las súplicas de los profetas, que la ascesis y los ayunos de los justos, es el don de salvación que ha obtenido el mundo y cada uno de los hombres por la gracia de Dios a través de la doncella de Israel. Por eso, agradó al Dios la hermosura de María, es decir, su inmenso amor por los hombres, su compasión, y el inimitable cuidado de su misericordia. Aunque sean innumerables las demás virtudes en María, la santidad, la sabiduría, la fortaleza y cualquier otra virtud, se distingue por la premura y la misericordia en la que imitó a su Hijo y a su Dios... Verdaderamente María excede los límites de la naturaleza, no solamente por el modo de dar a luz, que superó toda la sabiduría humana, sino por su prontitud, que también va más allá de la misma naturaleza... Por María hemos alcanzado la victoria sobre el pecado. 

Por María ha florecido la virginidad entre los hombres. Por María aprendemos la perseverancia en las buenas obras. Por María se nos ha concedido la sabiduría, la humildad y el amor. Gracias a María podemos salir victoriosos en todas las demás virtudes y de una manera más airosa de la forma en que habíamos caído. Con María iniciamos un año más de su mano, con paz, con alegría, con profunda y auténtica libertad. Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

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