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Ana se encuentra sin vida. Luego de tres días desaparecida y a dos días de haber activado la alerta Amber, nos enteramos que a la pequeña de ocho años originaria de Juárez, Nuevo León le quitaron la vida, dejándonos un sinsabor que parece ser un sentimiento constante en la realidad de México.

Hoy el nombre de Ana Lizbeth se suma a los de miles de mujeres que son víctimas de la violencia feminicida en este país, en donde cada hora se agreden a siete mujeres, de acuerdo al informe La situación de las mujeres en México, realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Vivimos en un país en el que el 45% de las mujeres de más de 15 años han vivido algún tipo de violencia de género, según INEGI 2017; han sido asesinadas 821 niñas de menos de 14 años en seis años, de acuerdo a un estudio de la agencia CIMAC, y en el que la violencia sigue escalando, al considerarse el año pasado como uno de los más violentos por feminicidios y desaparición de niñas y jóvenes, según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.

En una realidad que nos rebasa, el caso de la pequeña Ana es una tragedia que nos muestra que no hay manera de que no podamos ver lo que nos está pasando, y que es necesario reaccionar desde donde podamos para crear acciones que impacten nuestro entorno y exigir a las autoridades que se hagan responsables de lo que les toca.

#VámonosRespetando, de México Unido Contra La Delincuencia, hoy promueve la apertura y confianza a denunciar cualquier violencia de género y la eliminación de estereotipos de género; y aprovechando el impacto mediático de la serie de Luis Miguel, la ONG Non-Violence Project lanzó la campaña #NoSoloEsMarcela, que muestra la situación que vivimos en México ante las más de 9 mil mujeres desaparecidas en los últimos nueve años para que se haga justicia.

Reconocer las políticas públicas enfocadas en la protección de las mujeres; compartir las campañas que surgen para promover la igualdad de género; exigirle al Estado y a todos los organismos involucrados que actúen con miras a la justicia; alzar la voz lo más alto que podamos para ser escuchadas y atendidas; y acompañarnos desde la verdadera empatía hasta lograr ser y hacer comunidad nos permitirán ser parte del cambio que necesitamos para que no haya nadie más que se convierta en insignia de lo que tanto nos hace falta. Seamos voz para quienes hoy no están.


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