Semejanzas y diferencias entre presidenciales


En la insípida contienda electoral que vivimos se escuchan pocas propuestas, endebles ataques y el cuestionamiento contra el populismo del pejecito. Pero ¿cuántas semejanzas y diferencias hay en las propuestas de los tres candidatos presidenciales punteros?

Revisando los portales web de cada uno de los candidatos presidenciales: José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López, descubrimos que en sus plataformas electorales hay más coincidencias que diferencias en la visión que tienen de México. Esto nos lleva a inferir que, en muchos temas, México seguirá su curso actual, independientemente de quien gane la elección el próximo uno de julio.

Veamos: un tema afín a los tres candidatos de partido es el de la corrupción, para Meade y AMLO, el asunto debe ser penal y terminar en prisión los corruptos; por su parte, Anaya lo circunscribe a decir combate a la corrupción. No significa que Anaya dé menos peso al tema, podemos afirmar que, para los tres candidatos, abatir la corrupción es una prioridad, al menos en el papel.

En materia de educación, los tres tienen su visión, ellos coinciden en que se debe fortalecer para que sea el factor de desarrollo, debe vincularse a la actividad laboral y garantizar su universalidad.

Las diferencias en educación –creo– son más de forma que de fondo, mientras Meade habla de escuelas de tiempo completo y becas para los educandos de niveles medio superior y superior, Anaya la define como el motor que impulse el desarrollo y AMLO le define como la obligación del Estado por garantizar el derecho a la educación y al trabajo.

Sin que sean palabras de los candidatos, se puede inferir que la educación para los tres presidenciales debe ser incluyente, universal desde educación básica, de calidad y vinculada a la vida laboral. Por supuesto que, de estar mal mi interpretación, esta visión de la educación debe considerarse como "el deber ser" mínimo del compromiso con la educación.

El acceso universal al Internet es otro punto de convergencia entre los candidatos, así como el aspecto del acceso a los servicios de salud, tanto en fortalecimiento de la infraestructura hospitalaria como en la viabilidad de los medicamentos, diferenciando Meade en que propone acceso universal a los servicios médicos especializados.

El tema del fuero también es concurrente a los tres candidatos, todos hablan de su eliminación y AMLO incluye eliminar las pensiones a los expresidentes, así como adecuaciones a la administración pública federal, donde el tabasqueño incluye la descentralización del gobierno federal en los estados de la República.

Habiendo puntos de convergencia en aspectos medulares entre los presidenciales, quizá debamos buscar en las diferencias elementos que nos lleven a razonar el voto, según nuestros intereses personales, profesionales y familiares.

AMLO es el único que trae el tema del gasolinazo como bandera electoral. Es quien oferta bajar o ya no aumentar el costo del combustible. Así como la contrarreforma a la llamada reforma educativa.

Para Anaya y AMLO el tema energético es asunto de agenda, el primero habla del fortalecimiento a las energías limpias, mientras el segundo propone en lo general fortalecer este ámbito de la economía.

Meade tiene como temas suyos el asunto del transporte público eficiente, así como la focalización de las demandas sociales para el desarrollo de los grupos más vulnerables, es decir su programa insignia, Avanzar Contigo.

Por su parte, Anaya puntualiza la importancia de aumentar el salario mínimo vigente y enfatiza en la relación bilateral México-EUA.

Si debemos puntualizar las diferencias de AMLO con sus adversarios –pues es el más disruptivo de ellos–, diremos que la reforma educativa, la energética y el fortalecimiento del mercado interno por sobre el mercado exterior, son los puntos de discordancia con sus opositores.

Hay más semejanzas que diferencias entre los tres candidatos. Si de prometer se trata, los tres tienen una visión muy similar de los problemas del país; además, el asunto del populismo es algo generalizado en las campañas y que, al mejor estilo de marchante en el mercado, es temporada de ofrecer, aunque luego el cumplir sea lo difícil.


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