Sentir México. Pensar México. Decidir México


"Las mejores decisiones las he tomado frente a una fogata", mi padre.

Mañana votamos. Quizá al día de hoy un importante grupo de mexicanos siga indeciso. Y serán ellos con su decisión quienes marquen el rumbo de nuestro país. El sexenio, seis años que son muchos para un país que se encuentra a "media tabla", si lo observamos desde el punto de vista económico, como lo hacen Salvador Alva y José Antonio Fernández en su análisis Un México Posible. Para los autores, la exigencia está en cambiar la visión del país, alinearla con la organización, y a su vez con la cultura, el punto es sacarlo de la media tabla empujándolo a una sociedad que base su economía en el conocimiento. Somos un país de manufactura, pero podemos capacitar talento, educarlo, retenerlo y así realizar trabajos de mayor valor económico resultando en bienestar, y por qué no, felicidad.

Razonar el voto. Pensar México en medio de la confusión de partidos que hacen coaliciones a pesar de sus diferentes ideologías. "¿Qué está sucediendo en los países?", se pregunta Thomas Friedman en uno de sus artículos del New York Times. "Mi respuesta breve: es el cambio climático". Pero no se refiere a las tormentas o las sequías, a las temperaturas inusuales, las lluvias, el verano temprano o la primavera inexistente de las que se habla en cada ciudad del mundo, sino al cambio en el clima que está transformando nuestros ecosistemas en el trabajo, en la escuela, en geopolítica, en la ética y en la comunidad en que vivimos todos los días. Es la revolución digital que da una nueva forma a la economía. La información tiene un valor distinto en las sociedades del conocimiento. Por eso, los partidos tradicionales de izquierda o derecha no son suficientes para abarcar el cambio, concluye. 

Sentir México. Algunas campañas tienen más impacto emocional que otras. Mañana nos enfrentaremos a boletas electorales como un catálogo de candidatos y partidos, pero independientemente de la marca en cruz que coloquemos sobre alguno de los candidatos, todos los que iremos a votar lo haremos con una misma ilusión: que el resultado pueda dar fin a la corrupción con su impunidad que nos llena de violencia. ¡Qué difícil tomar decisiones con la cabeza borracha de resentimiento! Es un enojo atorado, un sentimiento silencioso, frustrado, impotente, terrible para el país porque sale con la fuerza de la reacción impulsiva, ahogando la posibilidad de respuesta.

En tiempos de gobiernos autoritarios o populistas, la idea de nacionalismo suena sospechosa, y sin embargo sentir orgullo por el lugar que habitamos hace comunidad.  En México no estamos orgullosos de la corrupción, de la inseguridad, de los desaparecidos, pero sí de nuestra gente, de nuestras familias, de sus playas, la comida, la hospitalidad, del trabajo. Nacionalismo, un sentimiento poderoso; genera pertenencia, colectividad.

No me identifico con los soldados al grito de guerra del himno nacional pero cuando lo canta nuestro equipo mexicano vestido de verde o de blanco antes de iniciar el partido del futbol en Moscú, la piel se me llena de orgullo, los ojos también. Me gusta pensar que el futuro del nacionalismo será por calles habitadas, por índices de felicidad, por el cuidado del medioambiente, por la libertad de expresión, por ofrecer trabajos dignos para que sus ciudadanos no tengan que salir del país, por la ciudadanía, la educación, por tantos valores que pueden ser admirados bajo la lupa de los derechos humanos.

A mi padre, el fuego de una fogata en un rancho de Tamaulipas lo sacaba de los ruidos cotidianos. Pensaba, sentía y decidía un futuro para él y para nosotros, su familia, sin los distractores de la electricidad, ni por supuesto, algún medio digital de comunicación. Un cigarro olvidado se consumía entre sus dedos. Eran los setenta. Hoy necesitamos la fogata para sacudirnos el resentimiento, para sentir México, para pensar México y entonces, votar como respuesta del ciudadano capaz de decidir por Un México Posible.


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