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Lo malo de la ignorancia es que tiene la mala costumbre de asociarse con la pobreza, con la inseguridad, con los robos, los secuestros, el narcotráfico y con la violencia en todos sus órdenes.

Tenemos la gran oportunidad de influir de una manera radical y estratégica en el tema de la inseguridad en nuestro país. Existe una fracción cada vez mayor de jóvenes entre 12 y 29 años que ni estudia ni trabaja (en nuestro estado el 26% de esta población no estudia ni trabaja, de acuerdo con el Plan Estratégico para el Estado de Nuevo León 2015-2030; Consejo Nuevo León). Lo malo es que un gran porcentaje de ellos está en rezago educativo; es decir, que no ha terminado su educación básica.

El elemento esencial de la inseguridad lo representa lo que los expertos llaman: "El depredador", el que roba, saquea con violencia y destroza a las personas de su misma especie; típicamente es un joven o adulto que proviene de una familia disfuncional, en la que todo estuvo en contra de él cuando era niño y quien al llegar a su edad adulta se transforma en un depredador de su misma especie. 

¿Qué estuvo mal en la familia del "depredador"? Típicamente provienen de padres no educados, con pocos ingresos, inmerso en un ambiente de violencia intrafamiliar, de abuso sexual, de golpes, malas palabras y agresiones de todo tipo. Esto genera un odio profundo hacia las personas de su misma especie "a quienes les ha ido bien".  

¿Qué podemos hacer? Ante todo, educarlos y atender su salud. 

De ahí la importancia de los programas de Sedesol, de la atención educativa al rezago educativo, del sistema escolarizado educativo y de la calidad y pertinencia de los contenidos educativos y de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero ¿qué podemos hacer para prevenir y evitar que esa fracción de muchachos que ni estudia ni trabaja pase a formar parte de esos depredadores que agraden a nuestro país? Una posible solución es el implantar el Servicio Militar Educativo Obligatorio.

¿Obligatorio para quién?, para el joven que no estudia ni trabaja. ¿Qué implica?, un sistema similar al de los conscriptos que son acuartelados en las instalaciones de nuestro ejercito. Así, ese joven que ni estudia ni trabaja pasaría un año en las instalaciones militares, en donde se le enseñaría a ser ordenado, limpio, puntual, responsable, respetuoso de normas y reglamentos, respetuoso de los derechos de los demás. Además, se le enseñaría algún oficio que le diera saberes útiles para su vida y su trabajo. Podría también completar sus estudios de secundaria o bachillerato en esas mismas instalaciones, con el apoyo del Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA) y con el Sistema Educativo a Distancia que tiene el Colegio de Bachilleres.

¿Qué tenemos? El servicio Militar Nacional tiene ya instalaciones, barracas, y conocen muy bien la manera de hacer de los muchachos unos buenos soldados. El INEA tiene un sistema educativo no escolarizado, tienen contenidos educativos relevantes para la vida y el trabajo, los tiene en papel, en discos compactos y pueden ser accesados vía Internet. El Colegio de Bachilleres tiene implantado un sistema educativo a distancia, con contenidos educativos digitalizados y rediseñados; tiene una plataforma tecnológica que les permite inscribir, asesorar, evaluar a los muchachos que estudian en lugares con acceso al Internet, como son las plazas comunitarias del Conevyt-INEA. Se tienen centros de capacitación para el trabajo a lo largo y ancho del país.

¿Qué falta? tres cosas. Primero, los recursos económicos para completar lo que falta de infraestructura y de sistemas de administración, seguimiento y control y para los gastos de operación en las instalaciones militares y en la operación educativa. Segundo, un acuerdo-compromiso por parte de los empresarios para contratar a los muchachos que completen su ciclo educativo en el servicio Militar Educativo Obligatorio y, tercero, el compromiso y la voluntad política del nuevo.

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