Si hay abanicos, es que hubo abanos


Si hubiera un cielo para las palabras muertas y éstas tuvieran algún modo de consciencia, algunas de las que ahí habitaran verían con orgullo que su existencia terrenal no desapareció del todo. Contemplarían su huella en palabras que de ellas nacieron y que hoy siguen brotando de las bocas de los hablantes.

Entre ellas estaría "abano", voz que nombró en castellano viejo a un antiguo instrumento, cuya principal función era espantar las moscas a la hora y en el lugar de la comida. Además, las corrientes de aire fresco que producía no caían nada mal a los comensales en los días más cálidos. Una detallada descripción de este aparato lo encontramos en la edición del diccionario de 1726:

"Abano: Cierto género de bastidor de madera, más ancho de abajo que de arriba, el qual se suele poner en medio con unas tablas delgadas o con un lienzo que le ocupe todo y colgado del techo de la pieza con unas armellas por la parte que es más angosta, y tirado con una cuerda, pasa por encima de la mesa haciendo aire y quitando las moscas. Es de uso antiguo y hoy se mantiene en muchas partes de La Mancha".

Como suele suceder, abanos los había para todos los gustos y todos los presupuestos. Desde los rústicos hechos en casa con varas y hojas de palma; hasta los que, para adornar los elegantes comedores de la nobleza, se hacían con gran arte usando bastidores cubiertos de oro y plata y elegantes telas que combinaban con la decoración del recinto. Además, como accesorio, un bien vestido esclavo que se encargaba de darle movimiento al exótico espantamoscas.

No se sabe a ciencia cierta el origen de este artefacto, pero ya los árabes lo usaban a finales del Siglo VIII de la era cristiana. En India también se usó por muchos siglos y, hasta apenas en la primera mitad del Siglo XX, fue desplazado por los ventiladores eléctricos. En este país se conoció como "punkah", nombre que deriva del sánscrito "paksaka" que significa "ala de ave", porque seguramente eso les parecía ese objeto que "papaloteaba" arriba de sus cabezas.

En castellano también llevó el nombre de "ventalle" (el que produce viento), pero "abano" fue la palabra que se asentó en portugués y en castellano antiguo. Lo más probable es que el origen de esta voz esté en una metáfora latina, en donde "evannare" era "cribar, separar la semilla de la paja" y esto se hacía lanzando hacia arriba con el bieldo (especie de pala de picos) el trigo cosechado. La ligereza de la paja se entregaba al viento separándose así del grano. Por eso, de "evannare" y "evanno", luego se dijo "abano" al instrumento que hacía viento para arrastrar a las moscas, como si estas fueran de paja.

Al pasar los años, aquellos burdos abanos espantamoscas desaparecieron, pero antes de que la palabra también cayera en desuso, al sutil artefacto de varillas y tela que las damas podían plegar y desplegar a su antojo para echarse aire, se le dio el nombre de abanico, que es diminutivo de abano. Hoy ya también son abanicos los artefactos eléctricos que nos refrescan y que, ahora que lo pienso, siguen siendo además un buen recurso para espantar a las molestas moscas y a los odiados mosquitos. Vuelta al origen.

Si hubiera un cielo para las palabras muertas y éstas tuvieran algún modo de consciencia, quizá ahí estaría "abano", feliz de ver que su memoria no se ha perdido del todo... sigue muy presente en la palabra "abanico".



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