Sin instrucciones


"Escribe las letras y números que ves en el recuadro. Estamos comprobando que seas humano". Y entonces escribí 6EF3J descifrando unos signos borrosos y movidos que me hacían pensar en el consultorio del oculista y no en una página de Internet.  

La tecnología reemplazará muchas de las actividades que hoy nos dan trabajo. Como padres, nos preguntamos demasiado cómo podrán nuestros hijos sobrevivir ese futuro y quizá poco, cómo aprenden en este presente. 

Tiempo de vacaciones. La paternidad tiene turnos de 24/7, es entonces que buscamos instrucciones en siete pasos que puedan rescatar la tarea de formar hijos. Bueno, eso me pasaba a mí cada verano durante la infancia y adolescencia de mis hijos. Me preguntaba qué estaba haciendo mal, por qué no seguían ellos las instrucciones de los libros junto conmigo.  Las teorías se me caían con cada berrinche, con los juguetes tirados por toda la casa y con esa energía que sólo la almohada apagaba. 

Ahora soy abuela, mis turnos cambiaron. Pasé unos días en la playa con cada una de las familias de mis hijos.  Y por supuesto, observé a mis nietos en la incansable tarea de todo niño en la arena: hacer pozos. Pozos para llenarlos de agua. Pozos para sacar arena y construir castillos. Pozos para enterrarse. Pozos para hacer bolas y atinarle al hermano. Pozos para descubrir qué hay abajo. Pozos. Los observo y pienso en los muchos posibles destinos que tiene un niño en ese momento. 

Es ahí, en la convivencia de ese turno de 24/7 que los niños aprenden a disfrutar lo ordinario, la frustración y el logro, aprenden a imaginar y a convivir, aprenden de acuerdos y pleitos. De abuela es fácil enfocarme en ese maravilloso proceso de ser. De mamá, buscaba resultados. Tenía más tiempo de vida, pero menos paciencia para disfrutarla. Y es que el tiempo se iba en conseguir libretas y marcar colores, en lo imposible de un plato sin restos de brócoli, en negociar tiempos de videojuegos, en bajar la fiebre de 38.7ºC, en cepillar dientes antes de dormir. Y sí, los niños necesitan todo eso, pero también necesitan manejar sus emociones, expresarlas, respetar límites, sentirse aceptados, imaginar, aprender a estar sin pantallas, convivir, porque eso es un mejor comprobante de que somos humanos. 

En palabras de la Dra. Shefali Tsabary, los hijos "necesitan nuestra presencia para convertirse en un miembro equilibrado de la raza humana". Su consejo de paternidad no tiene estrategias en siete pasos, ni instrucciones, ni necesita de tablas con estrellas colgadas en la puerta del refrigerador. Su propuesta en The Conscious Parent es desarrollar una paternidad consciente que descubre oportunidades en lo ordinario para formar a los hijos. Pero ser un papá o una mamá consciente es un estado que necesita de un proceso. Darte cuenta. Salir de lo urgente para descubrir la esencia de tu hijo, animarlo a ser. Él sabe qué, pero necesitan tu aceptación, compañía, guía para descubrir el cómo.

La no conciencia se instala en las actividades que llenan los días de los niños con el HACER que "prepara" su futuro, así aprenden habilidades que cumplen las expectativas de lo que deben ser, pero reduce el privilegio de descubrir su SER. Porque el hacer del niño puede llenar de orgullo (¿ego?) a los padres, pero puede también podar los muchos destinos posibles de ese hijo que realiza el deseo no terminado de los padres o cumple con los requisitos sociales de un "triunfador".   

Los hijos vienen sin instrucciones, como todo lo importante de la vida. Habrá guías, pero no recetas con medidas exactas. Presencia consciente, es con ella que descubrimos esa humanidad de los hijos, distinta y repetida, que aprende de la nuestra en lo ordinario. Su futuro no es nuestro, pero me alegra estar en él observando los pozos que hacen en la arena. 


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