Smokin´ in the boys room, Mötley Crüe


No hace mucho tiempo escuché por primer vez la frase: "El disco ahora es como un flyer". Para los que no se andan con anglicismos, flyer es un volante, un pedazo de papel con diseño e información suficiente para convencer a cualquier persona de comprar un producto o servicio.

Los flyers se reparten afuera de las escuelas, de los centros comerciales, hay algunos muy sofisticados que parecen postales increíbles en anaqueles muy innovadores, algunos otros contienen obras de arte, pintura, fotografía, diseño, literatura, etc. Pero al final, todo esto son sólo herramientas para que el que va pasando tenga la motivación de tomarlo, leerlo y, en el mejor de los casos, conservarlo.

Así que cuando escuché por primera vez que el CD de una banda cumplía con la función de flyer me pareció exagerado. Como lo he dicho antes, los músicos nos tomamos un par de cervezas y nos convertimos en gurús visionarios de la industria del entretenimiento, algo muy similar a los miles de directores técnicos que encuentras en la tribuna de un estadio de futbol.

Por lo que el comentario me parecía fatalista, ¿cómo es que un álbum, que tiene tiempo de composición, ensayos, preproducción, tracking, mezcla y máster se puede convertir en un volante promocional gratuito?

No hablo de veinte años atrás, hablo de tal vez siete, y con el paso de ese tiempo fui dándome cuenta de que no sólo se había convertido en un volante, sino que estaba desapareciendo por completo. El viernes pasado fui a cenar con mi hijo y vi en el baño, junto a volantes de bares y de productos locales, un dispensador con CDs que decía toma uno, es gratis, acompañado de una dirección de Facebook.

Me impactó mucho ver un álbum cumplir su función de flyer a la perfección y me causó gracia cómo esa predicción pesimista se convirtió en realidad. Desde luego que tomé uno y me encontré un muy buen disco que disfruté mucho de principio a fin de regreso a casa, la banda se llama: Ese Vinny. Indie rock con influencias de folk, hip hop y punk.

Por un lado, siento pánico al ver un álbum gratis en el baño de un restaurant, por otro me da mucho gusto cada vez que veo una acción creativa de una banda para captar audiencia. No sé si reír, llorar o sentarme en el baño de un lugar concurrido a tocarte una canción por miedo a que ya no tengas ningún aparato que reproduzca CDs.

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