Ron RolheiserMonterrey
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Sobre la amistad


Una de las experiencias de gracia más valiosas que podemos tener de este lado de la eternidad es la experiencia de la amistad.

Los diccionarios definen la amistad como una relación de afecto mutuo, un vínculo más precioso que la mera asociación. Éstos, a continuación, vinculan la amistad con una serie de palabras: amabilidad, amor, simpatía, empatía, honestidad, altruismo, lealtad, comprensión, compasión, consuelo y (no menos) confianza. Los amigos, afirman los diccionarios, disfrutan de la compañía de los demás, expresan sus sentimientos entre ellos y cometen errores sin temor a ser juzgados por el otro.

Eso básicamente cubre las cosas, sin embargo, para comprender mejor la verdadera gracia en la amistad, varias cosas dentro de esa definición necesitan explicación.

Primero, como afirmaron los estoicos griegos y como es evidente en la espiritualidad cristiana, la verdadera amistad sólo es posible entre las personas que practican la virtud. Una pandilla no es un círculo de amistad, ni tampoco muchos círculos ideológicos. ¿Por qué? Porque la amistad necesita traer gracia y la gracia sólo se encuentra en la virtud.

Además, la amistad es más que meramente humana, aunque maravillosamente humana. Cuando es genuina, la amistad no es nada menos que una participación en el flujo de la vida y el amor que está dentro de Dios. La Escritura nos dice que Dios es amor, y la palabra que usa para el amor en este caso es la palabra griega ágape, un término que podría traducirse como "familia", "comunidad" o "compartir la vida". De ahí que el texto famoso ("Dios es amor") pueda transcribirse a que se lea: Dios es familia, Dios es comunidad, Dios es existencia compartida, y quien comparte su existencia dentro de una comunidad y una amistad está participando en el mismo flujo de la vida y el amor que está dentro de la Trinidad.

Sin embargo, esto no siempre es cierto. La amistad y la familia pueden tomar diferentes formas. Parker Palmer, el escritor cuáquero contemporáneo, afirma: "Si vienes aquí fielmente, traes una gran bendición". Por el contrario, el gran místico sufí, Rumi, escribe: "Si estás aquí infielmente, traes un gran daño". La familia y la comunidad pueden traer gracia o bloquearla. Nuestro círculo puede ser uno de amor y gracia, o puede ser uno de odio y pecado. Sólo el primero merece el nombre de amistad. La amistad, dice San Agustín, es la belleza del alma.

Una amistad profunda y vivificante, como todos sabemos, es tan difícil como rara. ¿Por qué? Todos la deseamos en lo más profundo de nuestra alma, entonces, ¿por qué es tan difícil de encontrar? Todos sabemos el porqué: nosotros somos diferentes unos de otros, únicos, y acertadamente cautelosos con respecto a quién le damos entrada a nuestra alma. Y así no es fácil encontrar un alma gemela, tener ese tipo de afinidad y confianza. Tampoco es fácil mantener una amistad una vez que hemos encontrado una. La amistad sostenida requiere un gran compromiso y ése no es nuestro punto fuerte, ya que nuestras psiques y nuestro mundo siempre cambian y dan vueltas. Además, hoy en día, las amistades virtuales no siempre se traducen en amistades reales.

Finalmente, y no menos importante, la amistad a menudo se ve obstaculizada o descarrilada por el sexo y la tensión sexual. Esto es simplemente un hecho de la naturaleza y un hecho dentro de nuestra cultura y todas las demás culturas. El sexo y la sexualidad, si bien idealmente deberían ser la base de una amistad profunda, a menudo son el mayor obstáculo para la amistad. Además, en nuestra propia cultura (cuyo carácter distintivo valora el sexo sobre la amistad) a menudo se considera la amistad como un sustituto, y una segunda mejor opción, que el sexo.

Si bien eso puede estar en nuestro carácter distintivo cultural, claramente no es lo que es más profundo en nuestras almas. Ahí anhelamos algo que, en última instancia, sea más profundo que el sexo –o sexo en un florecimiento más completo. Hay un profundo deseo en todos nosotros (ya sea una forma más profunda de deseo sexual o un deseo por algo que está más allá del sexo) por un alma gemela, por alguien con quien dormir moralmente. Más profundamente de lo que nosotros deseamos una pareja sexual, nosotros deseamos un compañero moral, aunque estos deseos no son mutuamente exclusivos, sólo difíciles de combinar.

La amistad, como el amor, siempre es en parte un misterio, algo más allá de nosotros. Es una lucha en todas las culturas. Parte de esto es simplemente nuestra humanidad. La perla de gran precio no se encuentra fácilmente ni se conserva fácilmente. La verdadera amistad es algo escatológico, encontrado, aunque nunca perfectamente, en esta vida. Los factores culturales y religiosos siempre van en contra de la amistad, al igual que la omnipresencia de la tensión sexual.

A veces los poetas pueden llegar a donde los académicos no pueden, por lo que ofrezco estas ideas de un poeta a propósito de la relación entre la amistad y el sexo. La amistad, sugiere Rainer Marie Rilke, es a menudo uno de los grandes tabúes dentro de una cultura, pero siempre es el final del juego: "En un amor profundo y feliz entre dos personas, puedes convertirte en el protector amoroso de la soledad del otro... El sexo es, sin duda, muy poderoso, sin embargo, no importa cuán poderoso, bello y maravilloso sea. Si se convierten en los protectores amorosos de la soledad del otro, el amor se convierte gradualmente en amistad".

Y como alguna vez afirmó Montaigne: "La finalidad de la amistad puede ser más importante que el amor. Las epifanías de la juventud están destinadas a florecer y madurar en algo eterno".


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