Sólo posible con energía barata


Este reciente texto de Charles Hugh Smith (Keynesian Economics Is an Artifact of Cheap Energy , https://bit.ly/2tZnn2A) hace eco puntual de los también recientes análisis más conceptuales de Hugo Salinas Price (https://bit.ly/2NvhJx6 y https://bit.ly/2MSlmwg) sobre el papel decisivo de la energía sobre el ritmo y los alcances de las dinámicas macroeconómicas.

"Imprimir dinero o tomarlo prestado (lo que para efectos prácticos es casi lo mismo: inventarlo, sacarlo de la nada) para generar una ilusión insostenible de ´crecimiento´, es el mantra central de todo el edificio keynesiano. De los muchos delirios de la economía moderna, tal vez el mayor es que el modelo keynesiano dominante refleja los avatares permanentes de las economías avanzadas. La economía, junto con otras ciencias sociales, parte de la base implícita (e incorrecta) de que sus afirmaciones econométricas son equiparables a las de las ´ciencias duras´ de la física y la química.

En otras palabras, se da por sentado que la econometría de la economía keynesiana posee la misma validez intemporal de las ciencias naturales (un tema también analizado por Salinas Price sobre la índole real deductiva de la doctrina económica, a la que se insiste, erróneamente, en tratar como inductiva).

La realidad es que el keynesianismo surgió en una era de abundante energía barata (1936: "Teoría general del empleo, el interés y el dinero"), y es una creación de ese breve y excepcional periodo en el que la industrialización, el consumo y la población humana pudieron expandirse a pasos agigantados gracias a la energía barata y las nuevas tecnologías que aprovecharon una energía insólitamente barata.

Ahora que la energía está dejando de ser abundante y barata, la clásica estupidez keynesiana de pagar a la gente para cavar hoyos y luego llenarlos como un medio para impulsar la ´demanda agregada´, se desmorona. En el modelo keynesiano, se supone que el ´crecimiento´ medido por el consumo (producto interno bruto) es permanente y el objetivo supremo de cualquier economía.

Si una economía comienza a contraerse (es decir, entra en recesión o depresión), la única medida que ofrece el modelo keynesiano es impulsar el consumo, es decir, el ´crecimiento´ por cualquier medio disponible: pagando a las personas para que no produzcan resultados útiles (al estilo japonés, construyendo puentes a ninguna parte, etc.), distribuyendo dinero recientemente creado a través del "riego por goteo" a los consumidores a través de rebajas de impuestos, reducciones de impuestos, aumento de los gastos de asistencia social, etc.

Esta "solución" supone implícitamente (y esto es lo crucial) que la energía necesaria para alimentar este trabajo improductivo, la inversión y el consumo, son permanentemente abundantes y baratos. También asume que la cantidad de energía disponible para impulsar la economía siempre se expandirá, y como resultado, los bancos centrales pueden emitir una nueva moneda ("dinero" fiat) con pocas restricciones (si las hay).

La cruda verdad es que la conexión entre la moneda y la energía es que ese "dinero" no es más que un reclamo sobre la energía del futuro. Sin energía para impulsar la economía futura, el valor de ese dizque "dinero" desaparece.

Ahora hay, ahora no hay

Como resultado, imprimir o tomar prestadas grandes sumas de dinero nuevo cuando el suministro de energía asequible se estanca, conduce a la inflación (pérdida de poder adquisitivo de la moneda) a medida que la creciente oferta de dinero persigue una cantidad estancada de energía y lo que requiere energía para generar producción, es decir, prácticamente toda la economía.

Smith menciona un caso reciente para probar qué tan bien funciona el modelo keynesiano en periodos en los que la energía es escasa y costosa. Ese caso de prueba es la década de 1970, la era de ese fenómeno "nuevo" bautizado como estanflación (que se anuncia de regreso): a medida que los gobiernos y los bancos centrales bombeaban dinero recién creado a la economía para generar "crecimiento", lo que obtenían no era "crecimiento", sino inflación y estancamiento de la producción y el consumo. El modelo keynesiano no funcionó según lo anunciado.

La razón es obvia: el modelo es dependiente de una era de energía barata y abundante, ya que sólo funciona cuando el entorno cumple estas características. Y así fue. El modelo keynesiano de la economía sólo sobrevivió gracias al descubrimiento de campos de petróleo y gas súper gigantescos en la década de 1970, que expandieron la producción de petróleo y redujeron drásticamente el costo de la energía durante el resto del Siglo XX.

La ilusión keynesiana boqueó de nuevo a principios del Siglo XXI gracias a la aplicación generalizada de las tecnologías de fracking que aumentaron el suministro y suprimieron el costo de la energía. Pero el fracking no es el equivalente a descubrir nuevos campos de petróleo o de gas supergigantes (Ghawar, Burgan, Zagros, Tengiz, West Qurna, Bolívar, Prudhoe, Cantarell, etc.). Mientras los campos súper gigantes producen durante décadas, los pozos "fracturados" se agotan rápidamente, en dos o tres años, y dejan atrás una tremenda devastación ambiental.

Una tecnología engañosa

El fracking es aún más intensivo en capital que los campos súper gigantes. El fracking depende del capital barato, de la misma manera que el modelo keynesiano depende de la disponibilidad de energía abundante y barata. Sin un suministro esencialmente ilimitado de crédito barato y abundante, el fracking no sería factible. Incluso con un crédito barato ilimitado, el fracking no tiene sentido financiero a los precios relativamente modestos de la energía de hoy; el sector de fracking ha quemado $500,000 millones, es decir, el sector ha perdido $500,000 millones proporcionando energía ¡a precios de hoy!

Este consumo de capital en servicio de energía asequible no es sostenible. El modelo keynesiano hace otra suposición implícita: que la tecnología más la energía abundante barata siempre generará una productividad creciente: en otras palabras, la misma cantidad de insumos (energía, trabajo, capital) generará mayores producciones debido al aumento de la productividad (concepto clave de Alan Greenspan).

Pero la productividad se encuentra en un declive secular a largo plazo. La productividad puede considerarse como un sustituto de la energía barata y abundante, así como de la tecnología. Claramente, la tecnología por sí sola no es el motor para aumentar la productividad. A pesar de los tremendos avances en diversas tecnologías, las medidas generales de productividad están en declive secular. Smith pone esta tabla ilustrativa:

Tasas de crecimiento promedio de la productividad.

Antes de la revolución industrial, 1790-1840 = 0.7%

Primera revolución industrial, 1840-1875 = 1.2%

Segunda revolución industrial, 1875-1975 = 2.4%

Tercera revolución industrial , 1975-2015 = 1.2%

Posmodernidad (2010-2015) = 0.8%

Y Smith remata: "La disminución secular en la productividad ha desconcertado a los economistas keynesianos que esperaban que la productividad aumentara a las mismas tasas registradas en épocas anteriores. Esta tendencia es compleja y no se puede resumir en una sola causa, pero el punto aquí es que el ´crecimiento´ depende en última instancia del aumento de la productividad: imprimir o pedir prestado dinero para generar la ilusión insostenible de ´crecimiento´ determina el inevitable colapso de todo el edificio keynesiano".

¿Llegará este modelo condenado a cumplir los cien años en 2036, dentro de tan sólo 18 años (cuando tome posesión el sucesor del sucesor de AMLO)? Lo dudo muuuuucho.


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