Stephen Hawking, la persona


“Los agujeros negros no son tan negros como los pintan. No son prisiones eternas como una vez se pensó. Las cosas pueden salirse de un agujero negro desde ambos lados y posiblemente hacia otro universo. Entonces, si te sientes en un agujero negro, no te rindas, hay una salida”, Stephen Hawking.

El científico murió el miércoles pasado. Tenía 76 años y 55 de padecer el síndrome de Lou Gehrig, esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Cuando tenía 21 años y era profesor en la Universidad de Cambridge lo diagnosticaron con la enfermedad degenerativa e incurable que le pronosticaba menos de tres años de vida. No se rindió. Si sus piernas desobedecían su voluntad de caminar o su boca la de articular palabras, su espíritu traspasaría las condiciones dadas. Nada como una carencia para sentir deseo.

Una mente brillante y un cuerpo con limitaciones. Sentado en su silla de ruedas, sus manos cruzadas apenas sostienen el control, su mirada habla con la pantalla que convierte sus ideas en una voz robotizada, sonríe. La imagen muestra el triunfo de la mente sobre el cuerpo, la determinación sobre el pronóstico, como si sus discapacidades físicas fueran compensadas con los dones de los superhéroes. Y entonces, La Teoría del Todo (2015), la película protagonizada por Eddie Redmayne, rompe el romanticismo científico de la mente que solo necesita la mente para ser. El filme inspirado en la vida de Stephen Hawking muestra las exigencias de un cuerpo con ELA. Muestra también los muchos esfuerzos de sus cuidadores, porque la determinación por traspasar las condiciones de su enfermedad no es exclusiva de Hawking, están sus esposas (se casó dos veces), enfermeras, hijos (tuvo tres), están sus colegas y amigos que también sostuvieron ese deseo de descifrar los misterios de los agujeros negros del universo y de la vida.

Una mente brillante y un espíritu curioso. ¿Cómo se formó el universo? La pregunta dio sentido a su trabajo (¿a su vida?) y captó la atención de millones de personas en el mundo. Breve Historia del Tiempo (1988), ha vendido más de 10 millones de copias. No tengo ninguna, confieso que imaginaba los agujeros negros del universo como si fueran seres de una mitología del universo devorando todo con sus profundidades oscuras; ni siquiera la luz escapa de ellos. Pero a veces las grandes ideas vienen de mentes tan brillantes que logran traducirlas a conceptos digeribles para las mentes no científicas como la mía, y explicar que “los agujeros negros no son tan negros como los pintan”; que con el tiempo se debilitan, filtran radiación, partículas y luego explotan, desaparecen. El descubrimiento de la radiación de Hawking reivindica la fama de los agujeros negros, no son destructores, son creadores, o por lo menos, recicladores.

Una mente brillante y un ser libre. Viajó a todos los continentes para asistir a conferencias, festejó sus 60 años paseando en un globo aerostático y en la misma semana se accidentó por ir demasiado rápido en su silla de ruedas. Escribió. Hizo un vuelo de gravedad cero a bordo de un Boeing 727. Riesgo y libertad. Humor y deseo, sentimientos entrelazados que traspasan las condiciones dadas. Apareció en la serie animada Los Simpson, en Viaje a las Estrellas, y en La Teoría del Big Bang. “Quiero demostrar que las personas no necesitan limitarse por sus discapacidades físicas mientras no tengan discapacidades de espíritu”, y lo hizo.

Una mente brillante y una conciencia racional. Aunque su teoría sostiene que la creación del universo “no requiere la intervención de un ser sobrenatural o un dios”, el científico fue elegido miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias en 1986. “Eso no quiere decir que Dios no exista”–completa–. Fe y Ciencia, una defiende Verdad avalada por la Gracia; la otra, por la percepción de los sentidos, la experiencia y la luz de la razón. Se separaron en épocas de Ilustración, pero han hecho las paces. Hawking fue galardonado con la Medalla Pio XI por sus estudios en los agujeros negros. Se encontró con el papa Francisco, con Pablo VI, con Juan Pablo II y Benedicto XVI. “Recuerden mirar las estrellas” –dijo– “y no sus pies. Por difícil que sea la vida, siempre hay algo que uno puede hacer y en lo que uno puede tener éxito”.

Stephen Hawking fue una mente brillante y también un cuerpo discapacitado. Un espíritu curioso con una conciencia racional. Un ser libre. En fin, fue persona, un ser humano. Porque no somos más allá del cuerpo o de los sentimientos o de la inteligencia, somos con el cuerpo imperfecto, con el corazón que se alegra y se enoja, con la curiosidad que saborea la manzana prohibida, con la mente ruidosa o silenciosa. Somos la conciencia que observa, la mente que imagina, el corazón que siente y el cuerpo que hace, somos personas viviendo en un universo, que “no sería un gran universo si no fuera el hogar de las personas que amas”.

Twitter: @Lucy_dellaguno

lucy@humanae.mx


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