Sueños diferidos


“Aférrate a tus sueños, porque si los sueños mueren, la vida será un ave con las alas rotas... ella no será capaz de volar”, Langston Huges.

• Dado que las personas frecuentemente tienen problemas, merecen nuestro cariño y comprensión. Cuando pensamos que ellas son el problema, las confinamos y les damos poca oportunidad de salir adelante; nos limitamos a evidenciar su lado obscuro dejando de lado su luz interior.

• Un problema es un evento que propicia un obstáculo para el curso normal de las cosas; es algo que requiere una solución. No es difícil aceptar que un meritorio propósito en la vida consiste, en esencia, en la resolución de problemas y situaciones que se presentan, para coadyuvar con el curso correcto de las cosas.

• Los problemas se pueden caracterizar para entenderlos y ocuparnos de su eventual solución: por una parte, es importante reconocer que existe un problema y que admitirlo constituye el principal disparador para encontrar una posible salida. De la misma manera, los problemas son de carácter condicional; esto es, dependen de la presencia o ausencia de una condición específica, que determina el origen, la naturaleza y la solución potencial. Tercero, el efecto último de un problema es común para todos: un impacto negativo actual o potencial que demanda una solución correcta lo más pronto posible. Por otra parte, un problema que induce dolor, rencor o molestia en alguna persona la conduce a imputar a otra como causa del mismo. Eventualmente, esto último la acarrea a decidir que la persona “es el problema” asociándola como esencia del mismo y no como portadora, afectada o protagonista del problema.

• En el momento que establecemos que la persona es el problema perdemos el apoyo de la víctima real para resolverlo, el problema se agudiza y, lamentablemente, la persona tiende a diferir sus expectativas y sueños otrora arraigados. No tenemos derecho de ninguna manera a romper o diferir los sueños de los demás. Además del impacto directo en la autoestima y esperanzas del individuo, diferir un sueño es frecuentemente causal de nuevos problemas.

• Hace algunos años escribí que la tarea primordial del responsable de la gestión del capital humano era minimizar el estrés o tensión laboral de todos y cada uno de los individuos que atendemos: asegurar una inducción realista, subirlo a bordo sin reservas ni temores, garantizar un desarrollo promisorio, enriquecer su puesto, valorar y compensar equitativamente sus contribuciones. En otros términos, reconocer sus problemas percibidos, reales y potenciales, apoyarlo en solucionarlos y de esta manera potenciar su estancia en la organización. Fundamentalmente, un propósito digno de esta temporada: hacernos corresponsables de que nunca difiera sus sueños.

 




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