¡Te doy un trapito!


Esta era la frase preferida de mi mamá cuando tenía yo la brillante idea de plantarme frente a ella y decirle “estoy aburrida”, mi sabia madre me respondía sin siquiera despeinarse, “te doy un trapito” y mi cerebro se activaba cual pinito de navidad, exponiendo miles de imágenes secuenciales: escoba, trapeador, tender camas, lavar trastes, etc, etc. generando una respuesta parecida a: “ ah!! ya me acorde que no he terminado …”

Con mucha frecuencia escucho el: “estoy aburrido” en muchos jóvenes, sin reparos te lo expresan en casa, en clase, en el trabajo, y aunque tienen miles de pendientes o proyectos por concluir ellos están ¡aburridos!, lo irónico de esto es que en esta frase hay una demanda hacia el exterior, quien según ellos tiene la obligación de entretenerlos, divertirlos, motivarlos, etc. Y pienso ¿Piaget cuándo dijiste que se terminaba la etapa egocéntrica?.

El cerebro humano, es un órgano muy complejo y altamente especializado, a simple vista observamos una masa gris, llena de surcos, los especialistas saben que parte de su complejidad radica en que cada zona por pequeñita que nos parezca está encargada de una serie de funciones, las cuales combinadas con lo que hace el resto, logran que el ser humano haga cosas maravillosas; una de ellas es el sistema de recompensas.

Este sistema está encargado de activar nuestro cerebro por medio de la liberación de unas sustancias llamadas neurotransmisores dopamina y oxitócica las cuales estas relacionadas con las sensaciones de placer, cuando el cerebro se enfrenta antes una situación que le provoca gusto (estímulo externo) se envía una señal mediante conexiones neuronales (axones y dendritas) y provocan una reacción satisfactoria que se va buscar repetir.

El sistema de recompensas no es una sola estructura, ni siquiera está centralizado como otros procesos como el lenguaje o la vista, sino que está integrado por cinco áreas con una función precisa:

Amígdala: regula emociones

Núcleo Accumbens: controla la liberación de dopamina

Área tegmental ventral de Tsai: libera la dopamina

Cerebelo: controla las funciones musculares

Glándula Pituitaria: libera beta endorfinas y oxitocina, responsables del alivio del dolor, emociones como el amor y los lazos positivos, entre otras cosas.

Pongamos un ejemplo más claro, “hace mucho calor, has tenido una jornada agotadora, te sientes cansado, mareado, incluso con baja energía, llegas a casa, vas directamente al refrigerador, tomas tu jarra de limonada y te sirves un gran vaso de esta deliciosa bebida, la bebes y te sientes bien, incluso se levanta tu ánimo, se acaba de generar una experiencia placentera, la cual buscarás repetir cuando las condiciones se vuelvan a presentar”.

Lo mismo está pasando con nuestros jóvenes, los dispositivos electrónicos, la satisfacción de jugar o localizar lo que ellos quieren en fracciones de mili segundos, les está generando un reacción placentera, pero en la vida fuera del dispositivo sería imposible que la respuesta fuera tan inmediata, además que les crea poca tolerancia a la frustración, no generan paciencia y está creando pequeños y jóvenes acelerados con un sistema de recompensas igual de acelerado imposible de satisfacer.

Trabajemos en nuestros jóvenes en aprender a disfrutar de la espera, de la contemplación, del silencio, una vez que ellos alcancen a entender que la motivación real viene de dentro de ellos mismos, estaremos formando seres humanos empáticos y socialmente adaptables.


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