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Como responsable del Consejo Nacional de Educación para la Vida y el Trabajo me tocó asistir a un sinnúmero de eventos de inauguración de plazas comunitarias  (lugares dignos, modernos y de primer mundo en los cuales se ofrece una educación relevante para la vida y el trabajo a jóvenes y adultos en rezago educativo);  en estos eventos  participaron los secretarios de Educación y los gobernadores de casi todos los estados de la República.

En estas giras de trabajo-inauguración observé un común denominador: la gente se le acerca al gobernador y pide, pide y vuelve a pedir. Piden de todo: trabajo, medicinas, bicicletas, tractores, caminos, salones, profesores, centros de salud, apoyo para poner una empresa, exención de impuestos, permisos de construcción, apoyo para sacar a alguien de la cárcel, dinero, comida, ropa, acceso a Internet, fertilizantes.

Todo mundo pide, piden las personas de escasos recursos económicos, piden los maestros, los agricultores, los empresarios, los migrantes, los niños, los hombres, las mujeres. Muy poca gente ofrece apoyo para los programas de cambio de la comunidad o del gobierno. Pero el hábito de pedir, pedir y volver a pedir trajo a mi mente dos historias.

 La primera me fue platicada por quien fue secretario de Educación de Chiapas, siendo gobernador Patrocinio González, quien tenía como estrategia, cuenta el secretario, el enviar a su responsable de giras a platicar con la gente de la comunidad que él iba a visitar para detectar las necesidades y las peticiones que le iban a hacer para de esta manera tener preparadas las respuestas a esas peticiones.

Para sorpresa del gobernador, en una de sus giras por la zona agreste de Chiapas, cuando preguntó por las necesidades de la comunidad, los jefes comunitarios le respondieron: Queremos láminas. A él le habían informado que la comunidad necesitaba caminos, una escuela y un centro de capacitación para el trabajo y el tenía la respuesta para esas necesidades.

¿Qué no necesitan ustedes una escuela de artes y oficios y un camino vecinal?, volvió a insistir el gobernador. Queremos láminas, fue la respuesta unánime. Y ustedes para qué necesitan láminas, preguntó el gobernador. La respuesta de los jefes comunitarios refleja mucho de lo que pasa con las solicitudes de la comunidad: en el pasado, señor gobernador, hemos pedido escuelas, caminos, luz eléctrica y siempre nos envían láminas, por eso ahora pedimos láminas esperando que nos apoye usted con la escuela que necesitamos y el camino vecinal que nos es tan indispensable.

La segunda historia está relacionada con la de aquel cazador que caminando por el bosque vio a un zorro que había perdido sus patas y reposaba en un nicho. ¿Cómo podrá sobrevivir este pobre animal? Se preguntaba el cazador, en eso vio llegar a un tigre con un pedazo de carne en la boca, y para su asombro vio que se acercaba al zorro y le dejaba ese pedazo de alimento. Tuvo la oportunidad de observar este comportamiento varias veces y el cazador concluyó entonces: "Dios está alimentando a este pobre zorro por medio del tigre".

"Yo como soy un ferviente creyente esperaré que Dios venga a ayudarme en mis tribulaciones", y se sentó a esperar la ayuda divina. Como podrá usted intuir, nadie vino en ayuda del cazador. Pero terco el cazador siguió esperando el apoyo divino, hasta que en medio del bosque escuchó una voz grave y serena que le dijo: "Tú que te hayas en la senda del error, abre bien tus ojos a la verdad, sigue el ejemplo del tigre y no el del zorro". Efectivamente, estimado lector, vale más dar que recibir, o como contestó Demóstenes a la pregunta: ¿Qué podrían hacer los hombres para parecerse más a los dioses?: Hacer el bien a todas horas y no esperar que le hagan a uno el bien a cada rato.

Así que si a usted le encanta pedir, la única recomendación que le hago es que pase esa petición por el tamiz de sus principios y valores, pregúntese: ¿me lo merezco, es bueno lo que estoy pidiendo, es legal, ético y moral?

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