The Boys Are Back In Town. Thin Lizzy


El fin de semana pasado terminó para Jumbo el Circuito Indio; hacía muchos años que no nos aventábamos 13 ciudades en cuatro semanas, y aunque siento que me pasó un camión por encima, termino con un gran sabor de boca y la memoria llena de buenos recuerdos.

Además de cada uno de los conciertos, de la comida de Oaxaca, la hospitalidad de la Glotonería de Querétaro, el mejor café en Cuernavaca, la euforia del Indie Rocks de la Capital, el mejor restaurant vegano de la gira: El Lúcuma de Guadalajara, ver la final de ida en Puebla y llorar el subcampeonato en Hermosillo, los amigos, los intercambios de discos, de libros, de tragos, de bromas, etc.  

Además de todo eso, el ejercicio de esta gira me regresa con muchas reflexiones sobre el negocio actual del rock and roll mexicano. La primer gran reflexión es que pude comprobar que no es necesario seguir viviendo un centralismo mediático. 

En las épocas de grandes presupuestos de mercadotecnia y canales rígidos de promoción tenía mucha lógica destinar más del 80% del esfuerzo a trabajar la Capital; al final, desde ahí se permeaba todo muy bien hacía el interior del país. 

El día de hoy una banda de rock hace cada vez menos medios masivos de comunicación, y aunque la Ciudad de México sigue siendo por mucho la más rica en difusión, no necesariamente influye de manera directa los canales alternativos de los demás estados; de ahí que existan muchas bandas que son exitosas en la escena capitalina, y no por eso necesariamente grandes en las demás ciudades, como solía ser antes. El país es muy grande y con un potencial enorme para crear escenas locales en cualquier estado.

Otra reflexión tiene que ver sobre un jugador clave en los negocios de la música: el promotor. El cual, con los nuevos formatos, como festivales y eventos con presupuestos de marcas está un poco olvidado; sin embargo, sigue siendo a mi parecer el que tiene el poder de llevar la música alternativa mexicana a un mejor lugar.

Los promotores son aquellos empresarios que ven una oportunidad de negocio al contratar a un artista, invertir en la producción y promoción de un evento y terminar con una utilidad lo suficientemente atractiva como para seguir haciéndolo. 

Este es el modelo de negocio más sencillo y más saludable de la industria; desgraciadamente, pasamos por una época donde la ilusión óptica del éxito en Internet ha confundido mucho la ecuación final que pone el precio de mercado de cada acto: cuántos boletos y a qué precio vendes. 

Regreso con mucho gusto de ver que cómo hay una nueva generación de promotores que le van dando una excelente lectura a sus mercados, esto sólo se traduce a más y mejor trabajo para los músicos.

Me gustaría dormir tres días seguidos, pero tenemos que preparar el set de Jumbo en el Machaca. ¡Ahí nos vemos el 17!


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