Tiempos de seca


La falta de lluvia mantiene a Nuevo León en alerta, por la posibilidad de que la megalópolis regia quede sin agua.

El agua ha sido, históricamente, el gran verdugo de la ciudad, cuando no llueve hay sequía.

Lo mismo se tienen que construir presas rompepicos para contener las bajadas de agua cuando llueve a torrenciales –evitando la destrucción de una parte de la infraestructura urbana–, que se deben construir presas almacenadoras de agua que provean del vital líquido a las familias en los meses veraniegos y de sequía.

El Horizonte publicó ayer que las tres principales presas almacenadoras y proveedoras de agua para la ciudad están por debajo de límites aceptables.

El Cuchillo mantiene el 63% de su capacidad de almacenamiento. La Boca conserva en su vaso el 41.7% de líquido almacenado y Cerro Prieto, la más grave de las tres, tiene el 36.5% de su capacidad.

Las sequías son recurrentes en la entidad, en la Historia Presente podemos ir hasta los tiempos de don Alfonso Martínez Domínguez, quien recibe en 1979 el gobierno del estado con una severa crisis de abastecimiento del agua.

Fue tal la sequía, que es memorable la reacción de don Alfonso, quien trajo a los espacios de la actual macroplaza a un indio quien danzaría para que lloviera, en simultáneo se bombardeaban con químicos las pocas nubes que surcaban el cielo, tratando que cayera la lluvia.

Aquello del indio danzante es anecdótico, seguramente quienes vivieron en Monterrey –y su metrópoli– a principios de los 80 recordarán los cortes de agua que daban cuatro horas de abasto a los domicilios y en algunos sectores el suministro llegaba a las viviendas dos o tres veces a la semana.

La solución fue la presa Cerro Prieto, en Linares, NL, obra apoyada por los gobiernos de López Portillo y Miguel de la Madrid e inaugurada el 27 de julio de 1984; se calmó la sed de los regios, pero no terminó la deshidratación.

La crisis palió, pero no acabó, en los 90, durante su gestión, Sócrates Rizzo García tuvo el respaldo del presidente Carlos Salinas de Gortari y construyó la presa El Cuchillo, en China, NL; de nuevo se contenía la falta de agua.

En tiempos de Rodrigo Medina de la Cruz se previó la urgencia de traer agua del río Pánuco en sus límites de Tamaulipas con Veracruz. La propuesta causó, además de rechazo, el desgaste político de Medina.

La crisis por el agua permanentemente ha sido causa de glorias y derrotas políticas de los gobernadores en turno. Rizzo, Canales y Medina gastaron su imagen política con el tema de las presas. Treviño y Medina enfrentaron la demolición que trajeron los huracanes Gilberto y Alex.

Cuando no llueve, inunda. En 1909 un huracán destruyó parte de la ciudad de Monterrey. Luego de las sequías que enfrentó Don Alfonso en los 80, el gobernador Jorge Treviño Martínez confrontó la furia del huracán Gilberto, que la madrugada del 16 de septiembre de 1988 azotó a Monterrey, causando muerte y destrucción.

Treviño consiguió recursos para reconstruir la ciudad, enfrentó comentarios de quienes decían que a los regios no era necesario apoyarlos, porque eran los ricos del país.

Fernando Canales Clariond, sucesor del sexenio gobernado por Sócrates Rizzo y Benjamín Clariond Reyes-Retana, construyó la presa rompepicos con el fin de contener las aguas bravas en bajada desde el nacimiento del Santa Catarina, gracias a ella se disminuyó la destrucción a la infraestructura de río abajo cuando llegó El Alex.

Sequías o inundaciones han sido la constante que enfrentan los gobernadores de Nuevo León. Hasta hoy todos han sorteado la crisis, unos más afectados que otros; falta saber si Jaime Rodríguez Calderón contiene la aridez que enfrenta Nuevo León, para ello debe acabar con la sequía financiera en la que el gobierno federal mantiene a la entidad.

El reto de Jaime es convencer a su otrora rival político de no negarle recursos para un vaso de agua.

Vienen tiempos de lluvia, habrá de pasar la crisis, si no, empezará a lloverle al gobernador, como antaño ha sucedido. ¿Es tiempo de otro indio que le dance a Tláloc?


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