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Al cabo que ni queríamos. El Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que muchos pensábamos estaría planchado esta semana, no se va a dar.

Ildefonso Guajardo, el secretario de Economía que ha tenido durante los últimos meses por segundo hogar la ciudad de Washington, ha regresado a la Ciudad de México y ni Robert Lighthizer de los Estados Unidos ni Chrystia Freeland de Canadá tienen programadas reuniones face to face con él, según dice el servicio informativo de Bloomberg.

A mayor abundamiento, el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Wilbur Ross insiste en que los grandes asuntos son temas muy complejos, en especial las reglas de origen. Por si fuera poco, el presidente Trump definió el TLCAN como el peor de toda la historia de su país; desde luego, los mexicanos ya estamos acostumbrados a no tomar en serio los pronunciamientos de Trump en un sentido o en otro, salvo cuando determina salirse del Tratado de París o mudar la embajada de los Estados Unidos a la tierra disputada de Jerusalén, con la secuela de muertes violentas que no va a parar nunca.

De esta suerte, no habrá Tratado de Libre Comercio antes de las elecciones de México el primero de julio, en donde también cambia el Congreso o las legislativas de Estados Unidos, el seis de noviembre. No hay que olvidar que el Tratado o sus cambios tienen que pasar la prueba del Legislativo, no es cuestión del Presidente nada más.

Es muy loable que el gobierno mexicano de Peña Nieto, a pesar del costo político que esto implica en periodo electoral no opte –como lo ha dicho Guajardo– por sacar un acuerdo rápido cueste lo que cueste y prefiera sacar un buen tratado.

Por eso, la noticia de que no habrá TLCAN es buena y es mala a la vez.

Desde luego que la continuidad en una práctica comercial que indudablemente ha beneficiado a México –por eso está Trump encabronado– sería mejor para nosotros. Pero si este convenio entra, como está hoy, en un largo limbo de negociación y triquiñuelas o, finalmente desaparece, lo que es poco probable aunque con Trump nada es cierto hasta que lo es, tampoco es el fin del mundo.

Nuestro país existió y avanzó en su desarrollo económico y político antes del TLCAN y ahora con el tratado aún vigente. México seguirá vivo y avanzará en la medida en que los mexicanos seamos capaces de multiplicar nuestros esfuerzos en productividad, justicia asocial y comercio exterior en otras áreas, independientemente de quién sea el próximo Presidente del país. Si los mexicanos vamos a dedicar nuestro tiempo a lamernos las heridas de la batalla estaremos en el mismo papel que el PRI va a tener que desempeñar el dos de julio.

En otras palabras, en lo que respecta al TLCAN podemos cantar al unísono con Bienvenido Granda: viví sin conocerte... puedo vivir sin ti. 

PILÓN.- La palabra profesor tiene un origen etimológico lo suficientemente confuso como para que nos demos cuenta de que no se trata solamente de aparecer en público y difundir el conocimiento o el de profesar una religión y propagarla. O de ejercer la confesión. Los maestros, que ayer celebraron su día maltratados y utilizados en la politiquería mexicana, son todo eso y más. Auxiliar primero de la familia en la tarea de transmitir conocimiento e inculcar valores, los verdaderos maestros –que están unos en las escuelas y otros en el ejemplo de la vida– merecen un mayor respeto. Y, desde luego, mi admiración y abrazo.


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